
domingo, 15 de febrero de 2009
El blog so far (o escribir por escribir)

viernes, 5 de diciembre de 2008
Los Años Maravillosos
Llámese, pues, como se quiera. El caso es que hoy, a casi un mes de mi último post (que no contiene un texto mío), aun teniendo muchas cosas sobre las cuales escribir, nada me impelía de manera determinante a hacerlo. Pero las circunstancias son impredecibles y el mundo pequeño, tanto que hicieron que me encontrara con una pregunta sin respuesta, una historia sin final, una realidad sin explicación, un conflicto sin resolver: Laura.
A algunos amigos cercanos les anticipé la idea de la creación de una sección o serie dentro de este blog, a la que llamaría "Los Años Maravillosos", en honor a la serie televisiva estadounidense The Wonder Years, y donde narraría acontecimientos de mi adolescencia y niñez, con especial énfasis en la experiencia que significó para mí la etapa de la secundaria. Así, para empezar, sería yo una especie de Kevin Arnold de petatiux, y durante la serie se irían revelando los distintos personajes que me acompañaron en esas vivencias y su posible equivalencia con los del aclamado programa de televisión.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Don Eusebio Ruvalcaba

Aquí se presenta un texto del maestro Eusebio Ruvalcaba. Es una de sus intervenciones en la ya mítica revista de La Mosca en la Pared, y una pequeña muestra de las capacidades narrativas de este gran escritor. En posts futuros hablaré más ampliamente de la obra del insigne literato, que de cierta manera ha influenciado la forma en que veo la literatura, y sobre todo la vida. Ésta fue su intervención el el número 29, año 1999, en la hoy frustrada revista, cuando su columna todavía se llamaba "¿O no?"
Calzones de mujer
Hace poco -¿minutos, semanas, meses?, cómo saberlo el puto tiempo siempre ha sido algo tan inexplicable- veía yo en la televisión las declaraciones de un joven roquero de un grupo chileno radicado en México, a quien una de sus fans le arrojó los calzones, él los olió, le dio asco que fueran usados y los echó a la basura. Guácala, habrá dicho.
Cómo me saca de onda esta actitud fresa. No sé de qué está hecho ese joven músico, si por sus venas circule sangre o atole; o no sé si sea él o el momento que estamos viviendo de absoluta abstención. Que curioso, en ninguna época se había cultivado tanto el cuerpo como ahora, y hoy es de mal gusto admirar a un mujer en sus partes más íntimas. Porque no creo que este joven ande muy alejado de lo que hace una gran mayoría de jóvenes de su edad. Todavía hace algunos años, los jóvenes acostumbraban coleccionar pantaletas y brasieres como trofeos de una noche apocalíptica –hoy a eso se le llama fetichismo-; apenas ayer estos mismos jóvenes solían espirar a las mujeres cuado de subían o bajaban de un auto, o bien cuando se sentaban o subían la escalera –hoy eso se llama voyeurismo-, y hace apenas dos o tres meses, tales jóvenes les arrancaban la ropa a las mujeres cuando el deseo les desborda –hoy eso lo califican como violación.
Tampoco sé exactamente en qué medida esto aleja o acerca a un hombre a la esencia de la vida, pero yo me atrevería a decir que el hombre necesita estar cerca del riesgo, de imprimirle pasión a las cosas. Algo, en sus cavernas más profundas, conserva el varón de agreste e incivilizado, y yo creo que vale la pena luchar por eso. Hacerse un poco afuera de la bacinica. A eso se le llama pasión, y la pasión es jugársela un poco. No tanto, pero tampoco tan poco. Bueno, esos cuerpos asexuados que no ve caminando por la calle o deteniéndose delante de las vitrinas en un Perisur o una Plaza Cuicuilco, consideran una aventura comerse unos tacos de suadero o un refresco que no sea light. Todo es ascéptico, como si temiéramos contaminarnos hasta de ver. En serio, es de dar risa cómo la mujer a dejado de atraer a los hombres jóvenes. No se vuelven a mirarla. Pasa casi semidesnuda delante de un grupito y ninguno se le queda viendo con aquella mirada de cachondería que distinguía a los ojos viriles de hace unos cuantos años.
Seguramente tienen razón. La educación sexual ha terminado por desprender de todo misterio no sólo a la mujer sino al sexo mismo –qué hueva espiar a tu hermana mientras se desnuda. Ya no son temas que inciten a nadie a meterse al baño a masturbarse, a asomarse por debajo de la mesa y ver lo que hay que ver. Hoy día, la mujer de senos grandes se avergüenza de sus tetas, y, si no está bronceada, si no toma su dosis diaria de bicicleta o su carrerita por las mañanas, entonces, piensa, no tiene nada que enseñar, es como un cero a la izquierda. Que nada más por sus tetas, por sus piernas, por su olor, una mujer traiga a un hombre por la calle de la amargura, ha pasado definitivamente a la historia. Un hombre que le telefonee borracho a la mujer que le gusta, que la asedie, que le envíe flores o le escriba poemas -aunque sea los fusile de Sabines- es considerado un indeseable. Un patán sin educación. Siempre será mejor aceptado un tipo previsible, de brillante futuro, de celular o bíper para que su mamá o su mujer lo localice de inmediato. ¿O no?
lunes, 3 de noviembre de 2008
No se olvida ...la necedad*

Año con año, desde hace una década, recuerdo que se conmemora uno de los sucesos más infames e ignominiosos de la reciente historia de México. La primera vez que me enteré de ese hecho histórico, punto de inflexión en el devenir de la vida en nuestro país, tenía alrededor de 15 años de edad. Nunca antes había sabido nada al respecto, en parte por mi corta edad y el poco interés que mostraba hacia las cosas públicas, y también, el sigilo con el que durante tres décadas se trató el tema. Recuerdo que cuando se reveló a mi reducido entendimiento los cruentos acontecimientos, sentí una profunda sacudida y simpaticé de inmediato, como el rebelde adolescente que era, con la heróica causa -que paradógicamente ignoraba casi por completo- que defendieron los integrantes del movimiento estudiantil del '68, y pretendí identificarme plenamente con su ideología. En fases de la vida como ésa, en que uno busca su propia identidad, y con ello la pertenencia a un determinado grupo, fue decisivo el descubrimiento de un hecho de tal importancia (la cual, en ese momento no pude dimensionar). Pero nada más pasado el mes de octubre, que es el que se habla en los medios de comunicación sobre el tópico, terminó mi inquietud, solo para volverse a recuperar en los mismos periodos de los años siguientes.
Hace exactamente un mes se cumplió 40 años de la matanza de Tlatelolco, ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas, en el Distrito Federal, el 2 de octubre del año 1968. Pasaron diez años desde que tuve un primer acercamiento a los hechos. Aun cuando hace relativamente poco tiempo me propuse indagar cuáles habían sido las causas del movimiento y cómo se había desarrollado propiamente la masacre, siempre me causó indgnación, pues representó la más violenta y desproporcionada de las represiones de que se haya tenido noticia en mucho tiempo en México. Era algo así como los malos contra los buenos, con una aplastante victoria de los primeros. Seguramente era una percepción maniquea del problema, mas era la única que podía concebir en esos entonces, hace diez años. Hace diez años, a la edad de 15.
En mis años como estudiante de licenciatura, cuando cursé la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, era común que los día 2 de octubre se armaran, cómo decirlo, manifestaciones de diversa naturaleza, supuestamente -ése era el pretexto- para conmemorar el movimiento y honrar a sus mártires y héroes. Así, había desde tocadas aisladas, hasta reuniones en que se leía algunas de las proclamas del Consejo Nacional de Huelga, fragmentos de textos relacionados con la matanza, aderezadas con la interpretación desde el ronco pecho de algunos de los participantes de las más cursis canciones de protesta. También había (seudo) poesía alusiva a los sangrientos sucesos. No faltaban, tampoco, las velas, mantas y demás ornamento como escenario del indignante ejercicio. Ah, y claro, lo llevaban a cabo en la noche, para que quedara, según sus propias palabras, más chido.
Siendo los estudiantes que se supone más profundos e intensos, con mayor compromiso con las causas sociales y bla, bla, bla, son los que llevan a cabo numeritos de esa calaña, que llevan implícito el desconocimiento histórico que en un estudiante de administración, de relaciones industriales o de contaduría, sería comprensible, pero que en un educando adscrito a las ciencias sociales resulta inadmisible.
Durante mi estancia en la universidad, pude ver que año con año se llevaba a práctica la misma necedad, así que presumo, con base en el experiencia y en mi pesimismo casi metódico, que durante años posteriores, incluso el actual, se ha seguido perpetuando. Ahora que poco o nada me involucro en la vida estudiantil de la U.A.A., me he podido percatar de que el mismo ímpetu por la pose y el mismo oportunismo se ejerce fuera de las aulas. El pasado 2 de octubre de 2008, en la Plaza de la Patria o Plaza de Armas (nunca he sabido a ciencia cierta cuál es realmente su nombre) de esta ciudad de Aguascalientes, había una especie de tocada de unos jóvenes, que entre canción y canción "disertaban" sobre lo tocante al movimiento estudiantil del '68, y que interpretaba una música que dudosamente puede calificarse como rock, pero que pretendía, claro, serlo. Lo que hacía a su actuación alusiva al tema era solo eso, los comentarios entre canción y canción (las cuales, por lo poco que escuché, no tenían mucho que ver con el tema). Y ya, eso era todo. En el fondo, seguramente los ingenuos aspirantes a músicos debieron pensar que había sido un gran homenaje, e incluso por momentos habrán sentídose una parte del movimiento.
Me di cuenta de lo ocurrido en la plaza minutos antes de entrar al Teatro Morelos para presenciar una obra de teatro intitulada "El mañana nunca sabe", a la que un amigo me había invitado, pues se trataba de una puesta en escena de otro conocido de él, en este caso alusiva, también, a la nefanda represión acaecida el 2 de octubre de 1968. No sé en principio por qué fui, ya que esperaba lo peor: un ejercicio similar al que he condenado en párrafos que preceden. Pensé mal y acerté. La obra narraba la historia de dos hermanos que vivían en un departamento del edificio Chihuahua, adyacente a la Plaza de las Tres Culturas, un hombre y una mujer, al parecer mellizos, el primero de los cuales había sido herido durante el altercado. Solo estaban esos dos personajes, esperando que aparecieran sus padres, que habían salido no recuerdo a dónde. Y con esa premisa, la trama se desarrolla con una discución entre los dichos protagonistas, en la que el hermano defendía al movimiento estudiantil y la mozuela lo condenaba, o al menos lo sometía a las más "racionales" críticas; mientras tanto, se supone que afuera, en la plaza, se desenvuelve la abyecta represión.
Así, discutieron y discutieron, hasta que al final diéronse cuenta (o aceptaron) que toda la vida habían estado enamorados uno del otro, y terminaron entregándose a sus primitivos impulsos eróticos, para consumar el que tal vez sea el más gratuito e injustificado de los incestos que han sido dramatizados jamás en una obra de teatro (¿?). Así nada más, de buenas a primeras. El joven, después de la ardua jornada y con motivo de la herida que habían inflingido en la plaza, amaneció muerto, seguramente sin presentar después el signo tanatológico de la eyaculación post mortem, pues, como se dijo, horas antes había derramado su sediciosa simiente en las reaccionarias entrañas de su amada. En resumen, la obra fue un ejemplo más de las posibilidades que ofrece el ejercicio de la actividad que aquéllos a quienes agrada usar eufemismos denominan onanismo psicológico.
Según he tratado de establecer, y siendo ése el propósito de este post, desde mi perspectiva las diversas prácticas a las que me he referido resultan por demás indignantes y ofensivas contra lo que realmente representa el movimiento estudiantil del '68 y la matanza del 2 de octubre. Un acontencimiento histórico de la importancia de la masacre estudiantil de Tlatelolco, no puede utilizarse como excusa o pretexto para efectuar actividades tan superficiales, para lucimientos personales, o para ostentarse ante los demás como una persona progresista, profunda, intensa, preocupada del entorno social, pacifista, políticamente correcta. Es una afrenta a la razón y al buen juicio, pero sobre todo, insisto, a los mártires del movimiento, a los héroes caídos y a sus deudos. Todo una movilización social, que en su momento tal vez no era consciente de la magnitud e impacto que tendría en la vida política del futuro del país, pero que seguramente estaba al tanto de la responsabilidad e importancia que implicaba, no se realizó para servir después como motivo de juego y ligerezas por parte de nuestros incultos jóvenes (y no tan jóvenes).
Vergüenza debería darles a esas personas relacionar sus intereses y afanes de protagonismo y pueblerina celebridad con un asunto tan serio y tan importante. Porque finalmente eso es lo que persiguen tales individuos: reconocimiento, fama, relaciones públicas, y a final de cuentas les importa poco el medio del cual se habrán de servir para lograr esos propósitos. No sé cómo recibirían los verdaderos mártires del movimiento, los que realmente lucharon en él, las actitudes a las que me he referido en este texto, pero me inclino a creer que seguramente las reprobarían, o ya, de plano, se reirían de ellas.
Precisamente por no caer en el mismo vicio que estoy criticando, de aprovecharme de la curiosidad que despiertan los acontecimientos del 2 de octubre del 68 en el mes en que se conmemoran, escribo este texto un mes después, si bien la inquietud de expresar la tesis que sostiene la tengo desde hace algún tiempo.
*Originalmente publicado en el blog El Canto del Zenzontle, Ave de las 400 Voces (http://www.cantodelzenzontle.blogspot.com/), el día 2 de noviembre de 2008.
jueves, 30 de octubre de 2008
Motorokr Fest 2008
Inmediatamente contacté a mi amigo David, para invitarlo. Lo convencí de acompañarme, después de cierta insistencia que tuve que aplicar dado que él no conocía mucho -o nada- de los platos fuertes del evento, los Flaming Lips y NIN. En fin, nos pusimos de acuerdo y el domingo 19 de los corrientes, por la mañana, partimos hacia la ciudad de Guadalajara; sólo él y yo, pues minutos antes de ir por ella, su novia, Diana, que horas antes se había sumado al plan, declinó de último momento.
Llegamos a la Perla de Occidente y rápidamente ubicamos el lugar del toquín. Después de buscar por alrededor de 20 minutos lugar dónde estacionarnos (nos fuimos en el carro de David), decidí mejor qudarme en la larga fila que se hacía a las afueras de la Explanada López Mateos, sede del concierto, haciendo cola y viendo otras tantas -que en Guadalajara sí que pululan, y de la mejor calidad-, mientras mi acompañante buscaba dónde dejar el automotor, empresa ésta harto difícil en una ciudad como la que nos recibía, conocida es la calaña de muchas de las personas oriundas, que las orilla indefectiblemente a tratar de joder al próximo, máxime, pobre de él, ya se chingó, si es fuereño. Pues total que nos formamos y así estuvimos al rededor de un par de horas, hasta que a las dos de la tarde se dejó a los impacientes fanáticos -en su mayoría adolescentes- vulnerar la entrada del recinto.
Los grupos que integraban el cartel: Nine Inch Nails (acto principal), Stone Temple Pilots, The Flaming Lips (acto más chingón), The Kooks, Paramore, Los Búnkers, y un largo etcétera de grupos francamente prescindibles. Había dos escenarios: el negro, para los grupos chidos, y el naranja, para los grupos equis. En el primero se habían de presentar las agrupaciones citadas y en otro las demás. La dinámica del asunto era pasar de un escenario al otro, mientras se preparaba para iniciar su actuación el siguiente grupo en un lapso de media hora o 45 minutos.
Ni siquiera esperamos a que terminaran su performance, cuando decidimos mejor comparecer al escenario negro, donde acto seguido habrían de tocar los chilenos de Los Búnkers. Presencié su show con ciertas reservas, puesto que ya me había tocado escuchar alguna canción suya (una que dice: "...llueve sobre la ciudad porque te fuiste...") y los concebía como un grupo ñoño, cursi y algo mamón. Pero hasta eso tocaron de manera tirándole a aceptable, aunque siguieron sin convencerme.
Minutos después, lo que yo esperaba pues había visto en televisión una presentación en vivo del grupo, con música de fondo interpretada al efecto por el grupo que ya se encontraba listo, salió el el cantante introducido en una gran burbuja de plástico, y así se fue caminando -o rodando- entre el público que se encontraba adyacente al escenario, quien, participando de la puntada, lo condujo de allá para acá. Desafortunadamente, no llegó a donde estábamos y regresó al escenario. Esto ya estaba comenzando y anticipaba lo que sería un gran show. De repente, por ambos lados del escenario, comenzaron a salir botargas de los Teletubbies, franqueándolo. Volaron algunas serpentinas y confeti, lanzadas por un tubito (bueno, no sé cómo decirle a eso) de manos del propio Coyne.
David, que había ignorado la música del grupo hasta ese momento, no tuvo otras palabras que decir más que: "No mames, ca', qué chingón tocan estos güeyes". Temas clásicos como The yeah yeah yeah song y Fight test siguieron en la lista, para dar paso después a una minimalista versión de Yoshimi battles the pink robots pt.1, que la mayoría de los presentes coreamos de principio a fin. El show cumplía, y aun viéndolo todavía no podía creer que lo estuviera presenciando. Después, vino la magnífica y psicodélica Pompeii am Götterdämmerung, en la que el desenfadado Wayne Coyne hizo uso de un gong rodeado de luces, que cada vez que era impactado, éstas brillaban en circulos multicolor. Siguieron otros temas que no he escuchado (sólo tengo los tres últimos discos del grupo), y la canción de The W. A. N. D.
Todos escuchamos complacidos, pero faltaba un clásico imprescindible. Lo pedían aquí y allá, durante todo el concierto. Alguno gritó, sin la menor ortodoxia, "du yu rialain, du yu rialain", y pues ni quién entendiera qué trató decir. Pero sus clamores y los de los demás espectadores fueron atendidos, y comenzó a sonar, a manos de Coyne, la guitarra electroacústica que durante todo el show había permanecido quieta, expectante, sobre su atril, que después supimos que sólo había estado ahí para conducir la armonía del maravilloso tema con el que la banda concluiría su actuación: Do You Realize??
Otra vez, pero ya de noche y con un efecto cercano al que produjo al abrir el concierto The Race for the Prize, brillaron luces explosivas, volaron globos y confeti, y el personal se desquició. Era la canción perfecta para cerrar, y satisfizo con creces las expectativas generadas a su alrededor. Ciertamente algunos otros grandes temas quedaron fuera del show, pero era imposible incluirlos a todos en los 60 minutos que se concedió al grupo para mostrar su música. Particularmente me quedé con ganas de escuchar dos, si bien era muy difícil que lo llegaran a tocar: The Supreme Being Teaches Spiderman How to be in Love, de banda sonora de Spiderman 3, y el cover del clásico de Queen, Bohemian Rhapsody. El grupo agradece, hace reverencias, se retira, mientras que de este lado del escenario nos recuperamos de la experiencia y regresamos al vacío de la normalidad, al fin que la felicidad no dura para siempre. El gasto, la vuelta, el trato con la predominante chuzmita gandalla tapatía, habían valido la pena: vivimos la experiencia del show de los pinches Flaming Lips, cabrones.
El grupo que seguía en el cartel era Stone Temple Pilots. Debo confesar que estaba predispuesto a recibir la acutación de esta banda con algunos prejuicios (que si el cantante es medio fantoche, que si le hace mucho a la mamada, que si el grupo se quedó estancado en el grunge, que si la acusación antañera de que eran un vil fusil de Pearl Jam es legítima...); empero, decidí hacerlos a un lado y tratar de disfrutar el concierto. Y la verdad fue que el grupo logró una actuación bastante decorosa, incluso efectiva, además de que la gente les respondió, ciegamente, de una forma por demás sorprendente. ¿Farol el Scott Weiland? Pues sí. ¿Que ese bailecito mamuco que hacía qué? La neta, eso qué. Pero bueno, no puede pedírsele peras al olmo, chis al ano, ni mucho menos caca al pirrín. Con todo, insisto, tocaron bien y no me aburrieron, que ya es mucho que decir. Como era el segundo grupo en importancia -según un criterio al que no le hallo explicación-, pudo tocar durante una hora y veinte minutos. Terminaron. Ese pequeño bajón concluía para dar paso a otra excelsa presentación.
Había bastantes fans que se veía que solamente habían asistido al festival para ver la presentación de este grupo, pues apenas hubo empezado a tocar, aquello se llenó de almas, más que con cualquier otra agrupación, debo admitirlo. Dos horas, dos, duró la inigualable experiencia sonora y visual; lástima que ya para entonces estábamos bastante mermados después de haber estado parados por más de 10 horas y que tal vez esa circunstancia nos haya impedido disfrutar del grandioso concierto. El set que interpretó el grupo fue desde la sádica Closer, cuyos coros fueron secundados por los abyectos cánticos del público al grito de: "I wanna fuck you like an animal"; pasando por la desenfrenada March of the pigs, la grandiosa Piggy y la magnifica The big come down. En su mayoría, los temas que escurrieron por los altavoces pertenecían a los discos With Teeth, Year Zero, Ghosts I-IV y The slip, que son los últimos cuatro discos editados por el grupo; reconozco mi ignorancia sobre estos materiales, ya que le perdí la pista a NIN desde el disco de The Fragile; empero, supe que se trataba de temas de esos álbumes por los comentarios que hacían algunos de los espectadores, quienes sí eran fanáticos de la banda.
sábado, 18 de octubre de 2008
Jálele el pescuezo al zenzontle

Así que, si tienen el tiempo y la calma, dense una vuelta por el sitio, que tiene la siguiente dirección: http://www.cantodelzenzontle.blogspot.com/. Insisto, no son, al menos en teoría, las mismas ahorcadas de ganso que se presentan en este su blog favorito. La cosa es seria, pero no por ello acartonada y solemne.
En cuanto a mi blog, para todos y para nadie, pronto vendrán nuevas necedades y menudencias. Varias personas me han detenido en la calle y me han preguntado que qué pasó, que cuándo voy a publicar nuevas cosas. Les pido paciencia, que tengo bastantes ideas para expresar este mes. Simplemente el toquín al que voy a ir dentro de unas horas en Guadalajara, me dará mucha tela de dónde cortar (¿"Mucha tela de dónde cortar"? ¿Ven como no he andado fino y elocuente estos días? La verdad estuvo mejor que dejara de escribir un rato), y tengo además en el tintero ("en el tintero" ¿ven lo que les digo?) algo sobre libros, sociedad, costumbres y cine. No desesperen.
Hasta pronto.
domingo, 5 de octubre de 2008
El soundtrack de mi vida
El primer disco que compré: De ése si me acuerdo: fue el de Hoyos en la bolsa, de El Tri. Un buen disco; osaría afirmar que fue el último disco decente que produjo el grupo de Álex Lora. Canciones como El enmascarado de látex y Que regrese Salinas destacan en este álbum.
El primer disco que le envidié a alguien por no poderlo tener: Más que un disco, era una colección completa. La tenía un amigo de la secundaria, el Gallo, y abarcaba todos los géneros, grupos y artistas conocidos (de buena música, obviamente). En realidad, era de sus hermanos, pero él disponía de ella como si fuera propia. En ocasiones nos llevaba a su casa y nos mostraba su colección, como quien presume un valioso tesoro.
Mi disco favorito para manejar: Cuando mi carro tenía estéreo, me gustaba poner algo tranquilo, para calmar los nervios encrispados por el tráfico. Esa función la cumplían a cabalidad los discos de Pink Floyd, sobre todo el Wish you were here y el Athom hearth mother. Ahora que no tengo estéreo, pongo la música que traigo en el celular, que es bastante variada.
El disco que mejores recuerdos me trae: Había discos que mis padres ponían en las reuniones que tenían con sus compadres (Patlán, Preciado y Parra) de Los Ángeles Negros; uno en particular que traía una canción que decía: "Mátame si quieres, pero no me olvides...". En esas reuniones todo era felicidad y desparpajo; permitían además que se diera la convivencia entre los hijos de los compadres y yo, que también eran muy divertidas. Con esas canciones como fondo, tuve la que seguramente fue mi primera experiencia amorosa, con la hija de Parra, Analí. Amor inocente, de niños. Amor contemplativo, de los que se cree que son para siempre. Fue una gran época en mi vida, que abarcó como de los 4 a los 9 o 10 años. Después, nada quedó de esos días, ni en lo lúdico ni en lo sentimental.
También el Nevermind de Nirvana me hace recordar buenos momentos. La que probablemente ha sido la mejor etapa de mi vida, la de la secundaria, estuvo musicalizada por ese disco. Acababa de descubrir al grupo y mi afinidad por el rock. Amigos, amores, experiencias, en un tiempo en que ese disco era lo que más escuchaba. Recuerdo que estando en tercer grado, después de haberle declarado mi amor a una compañera de cuyo nombre no me quiero acordar, ante su desprecio -después de salir de clase y cerca de la parada del camión-, lo primero que hice al regresar abatido a mi casa fue poner el álbum en cuestión -que tenía en cassette. Simplemente lo escuché. Todo, mientras trataba de dar explicación a tan frustrante revés de la vida y me cansaba de maldecir a la ingrata.
El disco que más me avergüenza tener: Tanta vergüenza me da tenerlo, que no mencionaré cuál es.
El disco que más lamento haber perdido: En general, soy muy cuidadoso con mis discos, mis libros y mis revistas de La Mosca. El disco de Hoyos en la bolsa de El Tri, que fue el primero que compré, nunca supe dónde quedó (al parecer, mis padres, que se oponían a que escuchara ese tipo de música, lo eliminaron). Otro que perdí era un cassette pirata de 27 éxitos de El Piporro, que incluía grandes temas como Ellos las prefieren gordas, Borrachera, Melitón, el Abusón; la trágica Gumaro Sotero, y la magnífica versión, que en ninguna otra recopilación he encontrado, del clásico Corrido de Arnulfo González; entre otros. Una pérdida irreparable.
El disco que adquirí más recientemente: Fueron cuatro: The Soft Bulletin, de The Flaming Lips (gran grupo que acabo de descubrir hace como un año), que tenía rato tratando de localizar; Undertow, de Tool, primer disco, chingoncísimo, de una de mis bandas preferidas; Roseland NYC Live, de Portished, disco de un grupo grandioso que también quería conseguir; e In The Beginning, del malogrado pero genial gitarrista Stevie Ray Vaughan y su banda Double Trouble. En estos momentos me encuentro disfrutando del primero de los mencionados.
El disco que más me ha influenciado en la vida: Seguramente es el Nevermind de Nirvana. Como ya dije, llegó a mi vida en un momento clave, un momento de búsqueda personal. Musicalizó la que considero la mejor etapa de mi vida y definió de manera determinante mi gusto por el rock, e incluso la pose contestataria que le es inherente. Nirvana fue durante mucho tiempo mi grupo favorito, y ello se debió en gran parte a este disco. Mi acercamiento al arte en general y a la lectura en particular, viene de mi interés en la música, y éste recibió su rumbo más claro de este disco. Ya casi no lo escucho; es muy raro que lo ponga. Sin embargo, es un espléndido álbum, quizá el más importante de los 90´s. Ahora hasta los chavos prepúberes que todavía huelen a orines y no saben qué pedo lo escuchan, sin comprender seguramente su significado, conotacioenes e importancia, mas ello no demerita la calidad de este disco, que si bien no es el mejor que grabó el grupo de Kurt Cobain, ni contiene alguna de sus mejores canciones.
El disco que prefiero para hacer el amor: Pues en realidad ninguno. Esto debido a que la mayoría de las veces en que me toca tener tan deliciosos encuentros, es bajo circunstancias de imprevisión y clandestinidad. Aunque tal vez la música en estas situaciones resulte prescindible, si se logra producir hondos jadeos y jemidos en la compañera, sonidos, estos sí, de gran importancia y disfrute para quien pulsa los botones adecuados para su expresión. Una vez se me ocurrió poner unos discos de Sigur Rós, para malviajarme más gacho echando pata, pero no resultó: mi compañera como que no les agarró la onda (me dijo que le había parecido una música relajante y "tranquila", cuando se trata de melodias perturbadoras y siniestras), y yo, tratando de sincronizar los momentos clímax de las canciones con mis descomunales embestidas, me perdí y dejé de poner atención a las necesidades de la amante en turno, único criterio válido para regular la cadencia e intensidad de los movimientos amatorios.
El disco que querría que tocaran en mi funeral: Pues ahora no lo sé, puesto que no pienso mucho en la muerte, por lo menos en la mía. Tendría que ser música clásicá; música de cámara, de un cuarteto de cuerdas. Hace algunos años me tocó asistir a la misa de cuerpo presente de un compañero de trabajo, en el templo de Guadalupe, y con cello, contrabajo, viola y violín, se interpretó la música más cabronamente perturbadora que he escuchado. Era hermosa, terriblemente funesta y oscura. Algo así me gustaría.
Los cinco discos que me llevaría a una isla desierta: Primero, indiscutiblemente, mi disco favorito: Ok Computer, de Radiohead; el Dark Side of the Moon, de Pink Floyd; algún disco de éxitos de la Internacional Sonora Santanera; el () de Sigur Rós (actualmente mi grupo preferido junto con Radiohead); y el Revolver de The Beatles. El pilón, si se permite (aunque no se permitiera, me lo llevaría de contrabando), algún disco de éxitos de El Piporro.
