miércoles, 5 de agosto de 2009
En el país de los ciegos, el tuerto también lo está.
lunes, 22 de junio de 2009
Una tocada más...

Todavía ese día, en la mañana cuando desperté, no estaba seguro de querer ir. No parecía un día como de mucho desmadre, pero aun así decidí aceptar la invitación que me había hecho Alma una semana antes. Sigo sin saber a ciencia cierta qué fue lo que me decidió a ir. Un poco de morbo o curiosidad, o la sola expectativa de algo de desmadre, tal vez sea lo que me llevó a asistir al primer (quién sabe si también último) Festival de Rock Aguas Zero.
Hasta después supe que el eventillo llevaba tan desafortunado nombre. Esto era lo de menos, pues en realidad lo "atractivo" del asunto era que el cartel de dicho remedo de festival estaba encabezado por (lo que queda de)
Esto fue el sábado pasado, y estaba anunciado que empezaría a las 5 de la tarde. El escenario: el foro llamado
Me tomé unas cuantas, mientras me percataba de que los demás asistentes al evento andaban echando su desmadre mediante el antiquísimo y obligado rito del slam. No lo pensé dos veces, y ahí me tenían metido en los chingazos, sí, con las rolitas ramplonas del Panteón. El razonamiento para justificar tal proceder fue el siguiente: si en los bailes, donde la música que se toca no me gusta para nada, ahí ando dance y dance y echando desmadre, pues en la situación actual no tenía por qué ser de otra forma. Qué bueno que relajé mi puritanismo un poco, porque la verdad me la pasé muy chido durante la actuación del grupo en cuestión, con todo y que su sonorización era malísima -por insuficiente y mal ecualizada-, no se diga sus canciones, que reiteran en su estructura el sonsonete más rudimentario y gastado del Ska y cuyas letras, a más de chabacanas, son profundamente cursis e ingenuas (ahí están esas mentadas de madre a la inteligencia que se llaman Vendedora de Caricias y
Eso sí: bailé y bailé, eché el slam, pero no canté. Ni pedo ni marihuano ando cantando eso. Reitero, con todo, me la estaba pasando muy bien. El culmen de la actuación de Panteón Rococó vino cuando tocaron la esperadísima
Dado que una vez que se calmaba el slam, había una confusión general en los alrededores y zonas de influencia de éste en lo que al posicionamiento de la concurrencia se refiere, aproveché durante todo el toquín de Panteón Rococó (insisto, qué mamarrachada de nombre) para irme clavando más y más entre la gente, y así acercarme, junto con Alma, cada vez más al escenario. De estar mucho muy atrás, quedamos a escasos tres metros del escenario. Mañas que se le pegan a uno.
Ya como a las 10:30 de la noche apareció el grupo esperado por tantos años por acá (hasta donde yo sé, corríjaseme si yerro, nunca habían venido a Aguascalientes, o al menos tendrían unos 15 años sin visitarnos):
Cerraron con Kumbala, tal vez su canción más choteada, situación esta última propiciada por la misma agrupación. El grupo alcanzó una buena ejecución de su obra, lo cual no podía ser de otra forma considerando que su repertorio, en relación al tiempo que lleva de existir la banda, es bastante reducido. Tocaron bien, a secas, pero no pude evitar sentir algo de pena ajena con la banda en general: han llegado a ser una caricatura o un mal fusil de sí mismos. Se quedaron estancados musicalmente hablando, y en general en todos los aspectos. La verdad sea dicha, nunca pudieron superar el gran éxito que significó el magnífico disco de El Circo, que les dio fama mundial (sí, mundial), y los llevó a aparecer desde en el legendario y respetadísimo show de
Por si fuera poco, la pose del grupo, o al menos de Roco(¿có?), su frontman, sigue siendo la misma: por un lado llenarse la boca hablando del gran Tin Tán, de la época de oro del cine mexicano y de cómo ésta influencia a su música; por otro lado, echando un choro populista y seudo izquierdista que a estas alturas, por su reiteración metódica, sólo produce bostezos, sin mencionar las sandeces ésas de "paz y baile", "buena vibra", "bailando se entiende la gente", "no hay fronteras, todos somos hermanos", y así por el estilo. Por su lado, el buen Sax, haciendo también su desmadrito un tanto penoso, aunque bueno, también hay que apuntarlo, esta vez sí guardó compostura, no como hace unos meses, cuando vino a tocar al Rock n' Driks, que, dicen las malas lenguas, se puso bien pedo, pero pedo, y se andaba agarrando a madrazos con el que se le pusiera en frente. Decía que todo lo anterior da pena. Y dirán ustedes, lectores, ¿a qué chingados vas a verlos si tienes esa opinión de ellos? Lo dije supra, sólo por morbo y curiosidad; además, eso sí, para no dejar pasar la inmejorable oportunidad de echar el slam con Pachuco. Creo que esto último valió la vuelta.
domingo, 7 de junio de 2009
Sigur Rós

Ahí tienen que arribé a la central de la ciudad de Guadalajara por ahí de las 4:30 de la tarde del día 5 de junio. El concierto de Sigur Rós estaba programado a las 20:00 horas, así que pensé, al llegar, que tendría suficiente tiempo para comprar boleto y llegar al lugar del evento con la anticipación necesaria para agarrar buena posición en la cola de ingreso. Porque sí, en efecto, me fui así, a la buena de Dios, al toquín, sin boleto en mano y sin ninguna garantía de que fuera a conseguir alguno. En lo que agarré un taxi (error, me salió carísimo, aunque al parecer era la única opción de llegar temprano al foro) que me llevara al recinto que albergaría el esperado concierto, y en lo que éste me condujo allí, me dieron las seis de la tarde. El mentado "Calle 2", lugar del evento, quedaba lejísimos de la central, hasta la ciudad de Zapopan, que junto con algunos otros muchos centros de población conforman la Zona Metropolitana de Guadalajara.
Así las cosas, llegué al Calle 2, que es un lugar "multifuncional" como para albergar alguna feria. Cuenta con muchas áreas y foros con distintas vocaciones. El concierto habría de llevarse a cabo en la Ágora, un foro al aire libre, que en nada dista de la famosísima Mega Velaria, que se ubica en el área del perímetro ferial de esta ciudad de Aguascalientes, y que mayormente sirve de escenario para las presentaciones (bailes) de grupos como Intocable, Los Cardenales, La Arrolladora, El Chico (ejem) Elizalde, Pesado, Los Tigres del Norte y un largo etcétera. Sí, escandalícense, también he estado ahí. Decía pues, que llegué al lugar del concierto como las 18:00 horas y me percaté de que ya había bastante gente formada el la fila para entrar. Yo, todavía sin boleto, me aposté en las taquillas, que estaban enfrente, cruzando la avenida, del acceso al Calle 2. Ahí había otras personas esperando, a su vez, que se abriera las taquillas, pues tampoco tenían boleto.
Se percibía un ambiente de incertidumbre, pues por más que pasaba el tiempo no se sabía nada de si se iba a vender más boletos en taquilla, o si sólo se iba entregar entradas a los que ya las habían comprado mediante el chafísima y puñeto sistema de Smarticket (si creen que Ticketmaster es la peor infamia, es porque no conocen Smarticket). La tensión crecía, y yo ahí espere y espere, hasta que llegó una muchachilla rolliza preguntando si a alguien se le ofrecía un boleto. Se me iluminó el rostro y me brillaron los ojos. Le dije: "yo, yo lo quiero", y en ese momento me dispuse a sacar dinero de mi cartera. Ya chingué, pensé. En eso estaba yo, victorioso y arrogante, cuando apenas volteé y me percaté de que la dicha joven, de abundantes carnes, ya estaba transmitiendo a otro güey su boletito, a cambio del pago de un precio cierto y en dinero. Un cubetazo de agua fría. Le grité: "hey, yo te lo pedí primero", y nomás de me quedó viendo con su cara regordeta y grasosa, asomando una expresión de "ni modo, güey." Ah, cómo me encabroné.
Seguí esperando, pero nada que se abría la taquilla. Veía mi reloj. El tiempo corría. Enfrente, la cola se hacía cada vez más larga; y yo que pensé que no iba a haber mucha concurrencia. Crecía mi desesperación, cuando se arrimó un chavo, como medio dark-emo, y me pregunta: "¿Tienes boleto?" Y yo, pensando que el wey andaba consiguiendo, le dije que no, sin voltearlo a ver porque seguía encabronado por el incidente de la pinche gorda que no me quiso vender el boleto. Y que me dice: "Aquí traigo uno, ¿lo quieres?". Ah, cabrón, pensé. Mi reacción fue arrebatarle el boleto antes de contestarle que sí lo quería, y en eso ya se arrimaban dos cabrones a tratar de comprar también el preciado documento, pero, juar juar, se la pellizcaron, porque el ganón fui yo. "¿Cuánto?", le dije. "Pss lo que me costó". Sí, leyeron bien, lo que le costó el boleto, no más. Seguramente el chavo este no andaba para nada hambreado y en general tenía sus necesidades básicas cubiertas, pues de lo contrario habría tratado de revendérmelo a un precio mucho mayor. De volada los saqué y se los di. Trato hecho. Acto seguido, corrí a formarme en la cola, donde todavía habría de permanecer parado más o menos una hora más.
Por fin, nos dejaron entrar al recinto y llegamos hasta la extensa explanada donde disfrutaríamos de Sigur Rós. No había mucha gente, como unos cinco mil cabrones máximo (lo cual agradecí profundamente). Abrió el show un duetillo de música electrónica que se hacía llamar Ellenor, que la verdad resultó bastante chafa y aburrido. Recibieron fuertes mentadas y los instaron a que dejaran el escenario y abrieran paso al grandísimo grupo islandés cuya actuación todos esperábamos ansiosos. Tuvimos que aguantar a Ellenor como media hora, que hasta eso no fue tanto. Mientras hacían su ruidito, yo recreaba la pupila admirando la conocida belleza tapatía, que en este caso no se hizo extrañar, pues había hartas nenorras de bastante buen ver y que sinceramente sí me merecían.
Una vez concluida la penosa actuación de Ellonor (además, ¿qué pinche nombrecito mamuco es ése?), todos empezamos a clamar por Sigur Rós. La expectación iba in crescendo, hasta que aparecieron en el escenario, uno a uno, los miembros de tan excelso grupo, encabezados por el genial Jónsi. Se acomodan y toman sus instrumentos. Comienza el viaje.
Svefn-g-englar, abrió el recital, y desde ese momento comenzábamos a estremecernos. Se notaba que el grupo estaba entusiasmado con el recibimiento que le dimos y que venían dispuestos a dar un gran concierto. Siguieron con el Track 1 (Vaka) del aclamado, magnífico, maravilloso, sublime disco ( ). Una de mis canciones preferidas, interpretada con una cadencia deliciosa, perfecta. Después vino Glósóli, cuya parte final sacudió a los expectadores por igual. Hasta el momento, podía anticiparse que era un gran setlist el que nos esperaba, y efectivamente así fue, si bien hubo algunos grandes temas que se quedaron fuera.
Ahí estuvo también la grandiosa Olsen Olsen, del disco que puso a Sigur Rós en el mapa de la música alternativa mundial: Agaetis Byrjun. Ah, cuánta potencia salía de los altavoces. Era un sonido sólido y abrumador, denso, del que nada podía escapar. La ejecución era perfecta y aun cuando estábamos presenciando cómo se realizaba no alcanzábamos a comprender cómo de esos instrumentos podían provenir sonidos tan expresivos, tan inverosímiles, tan perversos. Se veía, pero no se creía. El grupo tocaba con un una sobriedad imperturbable. Hubo también temas del más reciente disco de la banda, Með suð í eyrum við spilum endalaust, como Inní mér syngur vitleysingur, Festival y Gobbledigook, magnífica pieza esta última que transmite un optimismo extrañamente desesperanzador.
Llegó después la esperada Hoppipolla, seguida de su inseparable Með blóðnasir. Fue uno de los grandes momentos de todo el concierto, dada la enorme hermosura de estas canciones. Todos nos emocionamos (dicen que algunos hasta las lágrimas), y hasta ese punto seguíamos, o al menos yo, sin creer realmente lo que estaba viendo: era demasiada belleza, demasiada expresividad, música como ninguna, como nadie más ha hecho ni podrá hacer jamás. Simplemente hermosa. También disfrutamos de Sé lest y Heysátan, que junto con las ya mencionadas pertenecen al preciosísimo disco Takk..., cuarto del grupo.
Era curioso la forma en que el grupo se hacía acompañar de diversos músicos que conformaban una sección de cuerdas y de metales, todos ellos seguramente oriundos de Islandia, lugar del que proviene la banda. Como que se agarraron a sus primos y primas, sus hermanos, sus cuñados, el carnicero, el lechero, etcétera, y simplemente se los llevaron de gira. Órale, cabrones.
Yo me sentía pleno, con un una emoción exacerbada, a punto del delirio y la locura. Seguramente habría terminado de conmoverme, quién sabe si hasta el llanto, si hubieran interpretado otro de sus más grandes temas: el exquisito, el grandioso y hermosamente desgarrador Milanó. Desafortunadamente, y por una razón que no conozco, decidieron prescindir de esa invaluable joya
Se acercaba el final del concierto, y ya se había tocado también Háfssól y Fljótavík, también del nuevo disco. Aquello se veía que terminaría pronto, y nada más no tocaban el increíble, el genial y perverso Track 7 del ( ). Supe que no lo tocarían cuando en esos momentos comenzó a sonar la introducción de guitarra de otra grandísima canción, tal vez de lo mejor que se hecho en esta década junto con el mencionado Track 7: la arrasadora, violenta, sin madre, Track 8 (Popplagið). Uff, una sacudida encabronada de cerca de 12 minutos de duración. El grupo en plenitud. Eso es Sigur Rós. Eso es música, lo demás son chaquetas mentales. La gran voz de Jónsi, perturbadora y magnífica como pocas, seguía poniéndonos la piel de gallina, y la prodigiosa batería de Orri nos sorprendía y nos dejaba sin aliento con la interpretación de esta pieza, en la que como con ninguna otra muestra su gran capacidad expresiva como músico. Realmente otro pedo.
Terminaron y aun no nos caía el veinte. Se retiraba el grupo. Pedimos otra. Hubo otra: All Alright, canción que también cierra el último disco del grupo. Magnífico concierto, aunque reitero, me quedó a deber un par de canciones. Tal vez la próxima vez...
Me retiré. Eran como las 12:30 de la madrugada y tenía que regresar a la central de Guadalajara para volver a casa. Hubo que agarrar taxi. Ahora mucho más caro, por ser de noche. Ya en la central, tuve que esperar hasta las 4:30 de la madrugada hasta que saliera el primer camión hacia Aguascalientes. Como pude, dormité en las sillas de la sala de espera de la central. La pasé mal, pero lo incómodo de la situación no me afectó en lo más mínimo, pues aun me quedaba el gran sabor de boca que me dejó el glorioso concierto de uno de mis grupos preferidos, tal vez el más importante en la actualidad, junto con Radiohead.
domingo, 31 de mayo de 2009
Moteles

Buscando recuperarse por las pérdidas ocasionadas por las medidas impuestas con motivo de la reciente contingencia sanitaria, los empresarios moteleros del Estado de Aguascalientes, representados por la Cámara Estatal de la Industria Motelera, A. C., han visto la necesidad de darle publicidad a sus negocios para reavivarlos, a fin de que los usuarios de los mismos vuelvan a depositar su confianza en ellos cada que necesiten un nidito de amor, o que quieran seguir perpetrando amoríos ilícitos.
Es por ello que ante la creciente popularidad que ha ganado éste su blog favorito, dicha asociación civil buscó a su autor, el de la voz, para que por este conducto promoviera con sus lectores las diversas opciones que existen en el Estado en materia motelera, para que una vez conociendo éstas elijan las que más se adecuen a su perfil, perversiones y necesidades. Preocupado siempre por la disipación de la sociedad, éste, su charro, no dudó en aceptar. Aquí el catálogo:
Casa Belén. Ubicado en una de las principales y más céntricas avenidas de la ciudad, no se trata en estricto sentido de un motel, sino de un hotel. Empero, ante los escasos huéspedes que se arriesgan a alojarse en un nido de ratas como ése, los administradores se han visto en la necesidad de extender los alcances de los servicios ofrecidos y así permitir que las ganosas parejitas puedan expresarse su amor en el interior de sus suites. Aquí no hay room service, así que si se decide por esta opción tendrá que llevar su propio pomo, refresco, hielos y vasos. Según mis fuentes informan, la tarifa en este establecimiento es de 100 devaluados pesos la noche.
El Pedra. Éste sí que es motel. Uno de los más caros y exclusivos, donde las señoras maduronas con el suficiente poder adquisitivo deciden que tomen lugar sus infidelidades. Éste no es nada céntrico, pues se encuentra casi en las afueras de esta ciudad de Aguascalientes, a la salida a San Luis Potosí. Servicio a la habitación sí hay, e incluye desde bebidas y alimentos hasta los más inverosímiles juguetes sexuales. También hay jacuzzi y televisión por cable. Si usted tiene una novia fresota, éste es el lugar indicado para llevarla después de una ronda de copas. Así también, si tuvo la habilidad de ligarse a una chavita en el Night o el Savannah, ésta es una buena opción para cerrar la noche con broche de oro, y regalarle a la susodicha un bonito recuerdo de Usted, considerando obviamente que después de esa noche no lo volverá a ver en la vida. La tarifa oscila entre los 400 y los 1000 pesos, dependiendo del cuarto.
La Jolla. Un motel de poca monta. Sin embargo, sus usuarios lo defienden a morir, e incluso lo recomiendan. Si en estos andares de la vida usted se llega a controlar a una cholita en algún baile del Magno Salón del Alba(ñil), y la misma le hace jalón y ya desde el baile le viene restregando sus asentaderas, este motel es la opción perfecta para cumplirle a la fina señorita: sus interiores descarapelados y reducidos, sus cucarachas, sus camas duras como piedra y sus sábanas acartonadas por los efectos de quién sabe qué sustancias, le brindarán a su populachera conquista un ambiente de familiaridad que la hará sentirse como en casa y así mostrar un mejor desempeño en el encuentro amatorio. Tiene televisión con cable, mas room service no. Un amigo cercano, cuyo nombre no revelaré para proteger su identidad, y del que sólo diré que le apodan "El Rata", gusta de llevar a las féminas (puras arañas) que se levanta a este rincón de pasión y locura, y parece estar muy conforme con el servicio que recibe a cambio de unos módicos 220 pesitos.
El Asfexias. Otro motel de gran calidad. Se localiza al sur de la ciudad, como quien va para León. Cuartos espaciosos y funcionales, pantallas gigantes y jacuzzi. También cuenta con cuartos temáticos. Si usted busca lucirse con alguna conquista o celebrar una importante fecha, aniversario (incluidas esas variantes mamonas de week anniversary o month anniversary) o día de San Valentín con la 1 (léase la novia oficial o la esposa, según la nomenclatura masculina convencionalmente aceptada), encontrará en este establecimiento el mejor escenario. Mucha discreción. Precios que van desde los 400 hasta los 1200 pesos.
Motel Vallarta 210, interior 39. Tamién conocido como "La Casa del Farol", fue un legendario motel con una ubicación al oriente de la ciudad tan confusa como conveniente: ofrecía una gran discreción y aseguraba que la víctima a la que se llevase no pudiera recordar el lugar al que la condujeron: el crimen perfecto. Minimalista y sin mayores lujos. Nada de room service, así que había que llevar lo que se habría de consumir. Espacioso, aunque no tenía mucho cupo, el cual estaba saturado la mayoría de las veces. Pocos eran los afortunados que sabían de su funcionamiento, lo que contribuyó a que se constituyera en objeto de culto. Era, además, un lugar versátil, ya que en ocasiones llegaba a funcionar como salón de fiestas. Su mobiliario permitía, si había la suficiente imaginación por parte de los usuarios, que se ejecutasen las más diversas posiciones amatorias. Tuvo una vida efímera, de apenas un año y medio. Empero, se libró en él las más intensas batallas máscara contra cabellera (a veces cabellera contra cabellera, cuando no se contaba con la protección debida), y las mayores excentricidades y extravagancias fueron celebradas en el seno de sus cuatro paredes (también en los senos de sus visitantes). En sus últimos tiempos, acababa de ser remodelado y equipado con diverso mobiliario, patrocinado por un tal Richard, reconocido benefactor del negocio, pero el gusto duró poco, ya que unas cuantas semanas después cerró definitivamente sus puertas. Actualmente el inmueble de marras ha recibido una vocación habitacional, y de sus días de gloria sólo quedan recuerdos, entrañables recuerdos.
El Castillo. A decir verdad, un motel bastante decente, aunque suene a contrasentido. Se encuentra en uno de los cuatro accesos de la ciudad, hacia el poniente. Bueno mobiliario, alcobas espaciosas con o sin jacuzzi. Bastante limpio y con cortinas eléctricas en cada cuartito. Servicio a la habitación. Televisión con algunos canales del cable y con cuatro o cinco canales más donde se transmite puras porkis. Buena iluminación, que permite regulación según se vaya requiriendo. Los productos que se ofrece están a precios accesibles. Tal vez la mayor bondad que tiene este lugar es que cuenta con grandes espejos en una de las pardes ubicadas a un costado de la cama, en los que los asistentes pueden estarse viendo mientras efectúan el acto copulativo, lo que contribuye notoriamente a mejorar la experiencia sensorial que éste supone. Precios accesibles que van de los 290 a los 350 pesos, según se quiera cuarto con o sin jacuzzi.
El Moa. El famoso Moa. De características similares a El Castillo, este motel goza de menor preferencia que su antecesor, si bien se ubica justo a un lado de éste. No sé si pertenezca también al mismo dueño. Comenzó a perder adeptos desde que se corrió el rumor de que los encuentros íntimos de los tórtolos que visitaban sus instalaciones eran videograbados, para después venderse, en formato dvd o vcd, en el tianguis de La Purísima, justo en el puesto donde también se puede encontrar el video porki de Michelle Vieth y el de Noelia. Es muy común que quien asista a este bonito establecimiento lo haga motivado por la circunstancia de que su vecino, El Castillo, se encuentre totalmente ocupado. Es una buena opción, empero.
Motel Cuerveros. Este motel es lo de hoy. Es el más nuevo y el que está de moda. Abrió sus puertas hace algunos meses y tiene un mobiliario bastante aceptable. También está algo escondido y retirado, en el vecino, próspero y progresista municipio de Jesús María. El encargado es un tal El Ranas, de rasgos autóctonos y con una notoria aversión hacia los productos del cuidado capilar. Él los atenderá (en el buen sentido de la expresión) con gusto. Es espacioso y ofrece un amplio abanico de posibilidades en lo que a recreaciones eróticas se refiere. Como acaba de abrir, y a manera de promoción para atraer clientela, está regalando preservativos, para que todo aquel que concurra al recinto no tenga que llegar previamente provisto de tan útiles instrumentos y, de paso, no lastimar tanto su bolsillo. Se habla de que pronto establecerá un convenio de colaboración con la conocida cervecería "Las Potrancas", con el fin de que los parroquianos que frecuentan este centro de perdición puedan llevar a sus ligues en turno directo a este nuevo motelito. Aun cuando está de moda, es un lugar muy exclusivo y solo algunos pocos saben de él, pero pronto todo el mundo hablará de él. Las tarifas son variables, pero si le caes bien al tal Ranas, hasta te deja pasar de a grapa.
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Nota importante: La información que aquí expone ha sido proporcionada, reitero, por la Cámara Estatal de la Industria Motelera, A. C., y por ningún motivo debe pensarse que el conocimiento de la misma deriva de la propia experiencia del honorable autor de este blog.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Una mosca parada en la pader

viernes, 1 de mayo de 2009
Ése soy yo (o exhibicionismo barato)

domingo, 12 de abril de 2009
Junkhead

domingo, 5 de abril de 2009
In Memoriam
