domingo, 31 de mayo de 2009

Moteles




Buscando recuperarse por las pérdidas ocasionadas por las medidas impuestas con motivo de la reciente contingencia sanitaria, los empresarios moteleros del Estado de Aguascalientes, representados por la Cámara Estatal de la Industria Motelera, A. C., han visto la necesidad de darle publicidad a sus negocios para reavivarlos, a fin de que los usuarios de los mismos vuelvan a depositar su confianza en ellos cada que necesiten un nidito de amor, o que quieran seguir perpetrando amoríos ilícitos.

Es por ello que ante la creciente popularidad que ha ganado éste su blog favorito, dicha asociación civil buscó a su autor, el de la voz, para que por este conducto promoviera con sus lectores las diversas opciones que existen en el Estado en materia motelera, para que una vez conociendo éstas elijan las que más se adecuen a su perfil, perversiones y necesidades. Preocupado siempre por la disipación de la sociedad, éste, su charro, no dudó en aceptar. Aquí el catálogo:

Casa Belén. Ubicado en una de las principales y más céntricas avenidas de la ciudad, no se trata en estricto sentido de un motel, sino de un hotel. Empero, ante los escasos huéspedes que se arriesgan a alojarse en un nido de ratas como ése, los administradores se han visto en la necesidad de extender los alcances de los servicios ofrecidos y así permitir que las ganosas parejitas puedan expresarse su amor en el interior de sus suites. Aquí no hay room service, así que si se decide por esta opción tendrá que llevar su propio pomo, refresco, hielos y vasos. Según mis fuentes informan, la tarifa en este establecimiento es de 100 devaluados pesos la noche.

El Pedra. Éste sí que es motel. Uno de los más caros y exclusivos, donde las señoras maduronas con el suficiente poder adquisitivo deciden que tomen lugar sus infidelidades. Éste no es nada céntrico, pues se encuentra casi en las afueras de esta ciudad de Aguascalientes, a la salida a San Luis Potosí. Servicio a la habitación sí hay, e incluye desde bebidas y alimentos hasta los más inverosímiles juguetes sexuales. También hay jacuzzi y televisión por cable. Si usted tiene una novia fresota, éste es el lugar indicado para llevarla después de una ronda de copas. Así también, si tuvo la habilidad de ligarse a una chavita en el Night o el Savannah, ésta es una buena opción para cerrar la noche con broche de oro, y regalarle a la susodicha un bonito recuerdo de Usted, considerando obviamente que después de esa noche no lo volverá a ver en la vida. La tarifa oscila entre los 400 y los 1000 pesos, dependiendo del cuarto.

La Jolla. Un motel de poca monta. Sin embargo, sus usuarios lo defienden a morir, e incluso lo recomiendan. Si en estos andares de la vida usted se llega a controlar a una cholita en algún baile del Magno Salón del Alba(ñil), y la misma le hace jalón y ya desde el baile le viene restregando sus asentaderas, este motel es la opción perfecta para cumplirle a la fina señorita: sus interiores descarapelados y reducidos, sus cucarachas, sus camas duras como piedra y sus sábanas acartonadas por los efectos de quién sabe qué sustancias, le brindarán a su populachera conquista un ambiente de familiaridad que la hará sentirse como en casa y así mostrar un mejor desempeño en el encuentro amatorio. Tiene televisión con cable, mas room service no. Un amigo cercano, cuyo nombre no revelaré para proteger su identidad, y del que sólo diré que le apodan "El Rata", gusta de llevar a las féminas (puras arañas) que se levanta a este rincón de pasión y locura, y parece estar muy conforme con el servicio que recibe a cambio de unos módicos 220 pesitos.

El Asfexias. Otro motel de gran calidad. Se localiza al sur de la ciudad, como quien va para León. Cuartos espaciosos y funcionales, pantallas gigantes y jacuzzi. También cuenta con cuartos temáticos. Si usted busca lucirse con alguna conquista o celebrar una importante fecha, aniversario (incluidas esas variantes mamonas de week anniversary o month anniversary) o día de San Valentín con la 1 (léase la novia oficial o la esposa, según la nomenclatura masculina convencionalmente aceptada), encontrará en este establecimiento el mejor escenario. Mucha discreción. Precios que van desde los 400 hasta los 1200 pesos.

Motel Vallarta 210, interior 39. Tamién conocido como "La Casa del Farol", fue un legendario motel con una ubicación al oriente de la ciudad tan confusa como conveniente: ofrecía una gran discreción y aseguraba que la víctima a la que se llevase no pudiera recordar el lugar al que la condujeron: el crimen perfecto. Minimalista y sin mayores lujos. Nada de room service, así que había que llevar lo que se habría de consumir. Espacioso, aunque no tenía mucho cupo, el cual estaba saturado la mayoría de las veces. Pocos eran los afortunados que sabían de su funcionamiento, lo que contribuyó a que se constituyera en objeto de culto. Era, además, un lugar versátil, ya que en ocasiones llegaba a funcionar como salón de fiestas. Su mobiliario permitía, si había la suficiente imaginación por parte de los usuarios, que se ejecutasen las más diversas posiciones amatorias. Tuvo una vida efímera, de apenas un año y medio. Empero, se libró en él las más intensas batallas máscara contra cabellera (a veces cabellera contra cabellera, cuando no se contaba con la protección debida), y las mayores excentricidades y extravagancias fueron celebradas en el seno de sus cuatro paredes (también en los senos de sus visitantes). En sus últimos tiempos, acababa de ser remodelado y equipado con diverso mobiliario, patrocinado por un tal Richard, reconocido benefactor del negocio, pero el gusto duró poco, ya que unas cuantas semanas después cerró definitivamente sus puertas. Actualmente el inmueble de marras ha recibido una vocación habitacional, y de sus días de gloria sólo quedan recuerdos, entrañables recuerdos.

El Castillo. A decir verdad, un motel bastante decente, aunque suene a contrasentido. Se encuentra en uno de los cuatro accesos de la ciudad, hacia el poniente. Bueno mobiliario, alcobas espaciosas con o sin jacuzzi. Bastante limpio y con cortinas eléctricas en cada cuartito. Servicio a la habitación. Televisión con algunos canales del cable y con cuatro o cinco canales más donde se transmite puras porkis. Buena iluminación, que permite regulación según se vaya requiriendo. Los productos que se ofrece están a precios accesibles. Tal vez la mayor bondad que tiene este lugar es que cuenta con grandes espejos en una de las pardes ubicadas a un costado de la cama, en los que los asistentes pueden estarse viendo mientras efectúan el acto copulativo, lo que contribuye notoriamente a mejorar la experiencia sensorial que éste supone. Precios accesibles que van de los 290 a los 350 pesos, según se quiera cuarto con o sin jacuzzi.

El Moa. El famoso Moa. De características similares a El Castillo, este motel goza de menor preferencia que su antecesor, si bien se ubica justo a un lado de éste. No sé si pertenezca también al mismo dueño. Comenzó a perder adeptos desde que se corrió el rumor de que los encuentros íntimos de los tórtolos que visitaban sus instalaciones eran videograbados, para después venderse, en formato dvd o vcd, en el tianguis de La Purísima, justo en el puesto donde también se puede encontrar el video porki de Michelle Vieth y el de Noelia. Es muy común que quien asista a este bonito establecimiento lo haga motivado por la circunstancia de que su vecino, El Castillo, se encuentre totalmente ocupado. Es una buena opción, empero.

Motel Cuerveros. Este motel es lo de hoy. Es el más nuevo y el que está de moda. Abrió sus puertas hace algunos meses y tiene un mobiliario bastante aceptable. También está algo escondido y retirado, en el vecino, próspero y progresista municipio de Jesús María. El encargado es un tal El Ranas, de rasgos autóctonos y con una notoria aversión hacia los productos del cuidado capilar. Él los atenderá (en el buen sentido de la expresión) con gusto. Es espacioso y ofrece un amplio abanico de posibilidades en lo que a recreaciones eróticas se refiere. Como acaba de abrir, y a manera de promoción para atraer clientela, está regalando preservativos, para que todo aquel que concurra al recinto no tenga que llegar previamente provisto de tan útiles instrumentos y, de paso, no lastimar tanto su bolsillo. Se habla de que pronto establecerá un convenio de colaboración con la conocida cervecería "Las Potrancas", con el fin de que los parroquianos que frecuentan este centro de perdición puedan llevar a sus ligues en turno directo a este nuevo motelito. Aun cuando está de moda, es un lugar muy exclusivo y solo algunos pocos saben de él, pero pronto todo el mundo hablará de él. Las tarifas son variables, pero si le caes bien al tal Ranas, hasta te deja pasar de a grapa.
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Nota importante: La información que aquí expone ha sido proporcionada, reitero, por la Cámara Estatal de la Industria Motelera, A. C., y por ningún motivo debe pensarse que el conocimiento de la misma deriva de la propia experiencia del honorable autor de este blog.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Una mosca parada en la pader


Transcurría sin mayor agitación el año de 1999. Sí, han hecho bien sus cuentas, tenía en aquellos mancebos ayeres la inocente y puñetera edad de 16 añitos. Probablemente a mediados de esa anualidad, no recuerdo exactamente qué mes fue, me dirigí a la famosísima e insigne tienda -tal vez la única en su génereo en ese tiempo- denominada Lo Machín del Rock, negocio en el que se expendía los más diversos productos que la juventud rockera aguascalentense demandaba: playeras de grupos, discos, cassettes de audio y de video (aún no proliferaba el uso del formato dvd), revistas, incluso, creo, algunos instrumentos musicales usados (seguramente también harto ácido, si bien en cierta ocasión, con una ñoñísima e hipócrita extrañeza, el encargado del lugar, un tal Zéus, después de haber sido interpelado por el de la voz solicitándole de la manera más atenta tuviera a bien proporcionarme, a cambio de un precio cierto y en dinero, un poco de esa maravilla, aseveró que ahí no rolaba tan prodigioso químico, y que la única sustancia con la acompañaban sus reuniones era el Frutsi de piña, no muy frío, helado ni esperarse, pues hacía daño). Casi todo era piratería, precisamente porque muy difícilmente podía conseguirse en original en esta ciudad, incluso en el país. Era costumbre arraigada visitar la negociación sólo por ver qué novedades podría uno encontrarse en cada oportunidad.

Decía, pues, que en una ocasión entré a la negociación de marras, y me encontré con algo que llamó levemente mi atención: una revista en cuya portada aparecía la pellejuda y tantas veces espetada figura de Courtney Love, sobre un fondo rojo que a su vez mostraba el rostro de Kurt Cobain. Sin vacilar, la tomé de inmediato, pues la sola circunstancia de que, según se indicaba, contuviera información relacionada con el músico, era suficiente para adquirirla, así me quedara sin dinero para el camión y tuviera regresar caminando a casa. Desde la propia presentanción de la revista se apreciaba ya una especie de desafío a los convencionalismos editoriales más arraigados, pues estaba diseñada en tamaño oficio. Su nombre, que en ese momento me parecía de lo más ordinario: La Mosca en la Pared.

Adentrarme al contenido de la revista significó recibir una fuerte sacudida: todo, formato, textos, fotografías y diseño eran algo totalmente fuera de lo común, o al menos lejano a cualquier otra cosa que yo hubiera visto antes. En el pasado había tenido contacto con algunas revistas como la inocua Switch o la ingenua Nuestro Rock, y eran las únicas referencias que tenía acerca de lo que era una revista de rock, lo que fuera que ello significara. La revista acusaba una frescura nunca antes percibida y daba gusto leerla. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, y en este caso no fue la excepción, pues desde ese momento la publicación me convenció y atrapó. Y no era para menos: aparecían en ese número las plumas que considero las mayores glorias de la revista: Jairo Calixto Albarrán, Hamlet Ultrapeluche, Eusebio Ruvalcaba y Armando Vega-Gil, con textos realmente notables (los cuales, en los casos de don Eusebio y el Jairo, ya han sido transcritos, a manera de reconocimiento, en este blog).

Ese primer ejemplar oficial que tuve en mis manos (bueno, de hecho no, porque la primera Mosca que alguna vez hojeé, tal vez uno o dos años antes en una tienda de revistas, fue uno en cuya portada aparecían los Beastie Boys, pero en aquella ocasión, idiota, no presté atención), que es el mencionado, era un número atrasado, ya que databa del mes de abril de ese año. En el mes corriente, que me parece que era septiembre, el número tirado era el 32, engalanado en su anverso con las poses de los Red Hot Chilli Peppers, otra banda que entonces me encantaba. No dudé en comprarlo, y así comprobé que la grandiosa experiencia de la lectura de La Mosca no era una casualidad de un solo número, como el burro que tocó la flauta, sino una constante y una convicción de sus creadores y colaboradores. A este ejemplar pertenece uno de los más grandes textos jamás escritos, a mi parecer, por Armando Vega-Gil -y posiblemente el mejor que se llegó a publicar la revista-, que se intituló Cogerse Viejitas (creo que no hará falta explicar su temática). Con esta edición quedé sempitenrnamente prendado de la revista: sería su fiel lector hasta el fin de los tiempos (los míos o los de ella).

En este número participaba también la genial y renegada Fernanda Solórzano, crítica de cine que representa el prototipo de mi mujer ideal (aaaaahhhh), quien ya en aquel tiempo, teniendo probablemente la edad que yo poseo ahora, hacía alarde de una capacidad expresiva y analítica encomiable, una claridad mental como pocas. No la descubrí a ella, empero, sino hasta varios números más adelante.

No dejé de adquirir mes con mes la revista a partir de entonces, de una manera casi religiosa. Había de todo en ella: crítica musical, reseña de discos, de libros y de películas; noticias sobre artistas y grupos, todo ello relacionado con el mundo del rock, el blues, el jazz y la música alternativa. Básicamente, dirían algunos de forma anticipada, todo lo que debe abarcar una revista especializada en música. Pero en el caso de La Mosca no era sólo eso: lo que realmente la caracterizaba y la distinguía de los demás pasquines y revistuchas que se tiraba en este país era su actitud desfachatada, antisolemne, políticamente incorrecta, corrosivamente crítica y deliciosamente sardónica, transgresora: no respetaba credos, ideologías, fanatismos, reverencias, protocolos, indulgencias ni posiciones de fama o poder. Arrasaba con todo y con todos. Esta postura, además de ganarle correligionarios, naturalmente, también la hizo blanco de los más enconados odios de sus detractores (léase Saúl Hernández y Jaguares, Control Machete, La Maldita Vecindad, Maná y un largo etcétera), lo que le daba a la revista un carácter aun más rebelde: las cacas grandes eran por fin cuestionadas.

El editorial, titulado Ojo de Mosca; el espacio de comunicación e intercambio de ideas y opiniones con los lectores, que se llamó El Buzón de Mamá Mosca; las noticias cuatroporcuatro; las reseñas de discos, Tiovivo; los textos varios de El Desván; El Soundtrack de mi vida; eran las secciones fijas de la revista. A la par de ellas, se encontraban las columnas de los colaboradores: El Diario Íntimo de un Guacarróquer, del ya mencionado Armando Vega-Gil; ¿O no?, después llamada Un Hilito de Sangre, del magnífico Eusebio Ruvalcaba; Más Extraño que el Paraíso, del fumadísimo Hamlet Ultrapeluche; La Cocina del Alma, del aclamado por todos, excepto por mí -al menos por lo que ve a esta columna, pues su trabajo como novelista no lo conozco- José Agustín; Incineraciones, de la ya mencionada Fernanda Solórzano; y por último, y no por ello menos importante sino todo lo contrario, la columna, que en sí no sé si tuvo algún nombre representativo (sería lo de menos), del gran Jairo Calixto Albarrán.

No omito mencionar la importancia del consejo editorial que dirigió la publicación, encabezado por Hugo García Michel. De la mano del dicho cuerpo colegiado, pero sobre todo del señor Hugo, la verdad sea dicha, para bien o para mal, la revista tomó el rumbo que la llevó a ser objeto de culto, a convertirse, sí, duélale a quien le duela, en la mejor revista de rock hecha en México.

Fue una publicación que influyó hondamente en mi persona. De ella tomé esa actitud irreverente y sarcástica que hasta el día de hoy me caracteriza; con ella supe el significado e importancia de la crítica; gracias a ella me encontré con nuevas posibilidades expresivas más allá de los convencionalismos, otras formas de ver la realidad. En resumen, mi talante eminentemente crítico fue forjado por sus páginas. Yo soy uno antes de La Mosca, y otro después de ésta. Al margen de ello, también le debo el bagaje musical que poseo, pues gracias a ella conocí a grupos y artistas que de otra forma habría sido difícil encontrar. Me ofreció un panorama y conocimiento más amplio del fenómeno rockero.

Nueve años disfruté la mosca. Después, en el mes de marzo de 2008, se anunció su funesto final. Inesperadamente, la casa editorial de la publicación tomó la decisión de que no se tirara más, por lo poco redituable que ya resultaba. Yo me vine a enterar como medio año después, y nunca me imaginé que algo así sucedería. En su momento creí que era solamente un retraso en la edición de los números -que ya había sucedido con antelación-, o, en el peor de los casos, que ya no la fueran a distribuir por acá por estas tierras. Algunos dicen que se veía venir, que La Mosca estaba en decadencia. Ciertamente sus últimos, digamos, tres años, no fueron los mejores de su historia, pero seguía siendo una magnífica revista, aún la mejor. Ya para esos últimos tiempos, recuerdo que la compraba y la leía poco: quería tenerla más como objeto que como texto, por lo que había significado en mi vida. Hacía ya tiempo que no escribían los grandes: Jairo Calixto Albarrán, Armando Vega-Gil y Hamlet Ultrapeluche, y tal circunstancia había logrado desdorar la magnificencia de la revista. Su vida, como todas las vidas, fue parabólica: inició abajo, alcanzó su culmen y finalmente decayó.

Desde hace algunos meses -de hecho, desde que se hizo pública la cancelación de la revista- se anunció, en el blog de Hugo García Michel, que el proyecto se retomaría, si bien no como la misma revista con el mismo nombre, sino como algo nuevo que rescataría las principales cualidades de su antecesora. Todos esperábamos con ansias y visitábamos constantemente dicho blog para saber qué sucedía. Finalmente la noticia se dio hace algunas semanas: volvía, en un segundo regreso, La Mosca en la Pared, con una pequeña salvedad: esta vez no vendría en formato impreso, sino como una página de internet. Así se proclamó el nacimiento de La Mosca en la Red.

¿Qué nos deparará esta nueva etapa de La Mosca? El tiempo lo dirá. Por el momento, este post mal escrito y sin coherencia es mi homenaje a la revista y a sus colaboradores. Es la carta que siempre quise enviarles, el e-mail que siempre quise escribir. Siempre dije: "algún día les escribiré". El día nunca llegó, y ahora sólo me queda presentar este texto como muestra de mi admiración y gratitud por la revista, que aunque ciertamente resulta tardío, no por eso es menos sincero.

Gracias por tanta música, por tanta crítica, por tanta procacidad. Gracias, Mosca.

viernes, 1 de mayo de 2009

Ése soy yo (o exhibicionismo barato)


En días recientes alcancé la edad de 26 años. Épocas como ésta me mueven indefectiblemente a la reflexión, -o, al menos, al malviaje y a la pachequez. Me vienen a la mente mil cosas, y no puedo evitar recordar diversos episodios de mi vida, algunos de ellos trascendentes, otros difíciles, unos más tristes, así como muchos alegres y felices, inolvidables. Se supondría que la suma de todos esos momentos hacen lo que soy al día de hoy (qué chinga me acomodaron, la verdad), y también permiten proyectar qué será de mí en algunos años. He visto, pues, la necesidad de hablar el día de hoy de mí en este blog, si bien de lo que he escrito a lo largo de estos meses puede conocérseme aparentemente en una buena medida (el pez por su boca muere). Sin ningún tipo de rigor, ni mucho menos pudor, y al ahí se va, me propongo revelar algunos datos de mi persona-que seguramente a nadie interesan- y/o preocupaciones que me aquejan al día de hoy: quién es Ángel en este momento y cómo ha llegado a ser lo que es, partiendo de lo que ha sido pretéritamente.


Ángel siempre se creyó más inteligente que los demás. No es precisamente alguien brillante ni mucho menos, pero todavía al día de hoy no concibe que alguna persona sea más inteligente que él. Los habrá más cultos, más habilidosos, más agraciados, más simpáticos, más nobles y más divertidos, pero más inteligentes no. No hay personas que, digamos, en su categoría, le superen en inteligencia; es decir, bajo las mismas circunstancias de entorno, preparación y oportunidades, en el rubro de la inteligencia nadie le superaría. Ese ha sido tal vez su mayor delirio en la vida, pues sabe que debe haber personas, pares a él, que lo derroten en este ámbito, pero simplemente no lo acepta, no le entra en la cabeza. Él es el que cabila chido, el non plus ultra del razonamiento. La única superioridad que admite en este rubro es la de personas que no se ubican en circunstancias similares a la suya: científicos famosos, filósofos o grandes escritores. Aún así, el muy pendejo cree, ingenuamente, que en igualdad de circunstancias, podría vencerles.


¿Cuál es la explicación de tal megalomanía? No lo sabe. A lo mejor su corto entendimiento es lo mejor que cree tener, y por eso lo maximiza y distorsiona para cubrir o disfrazar otras falencias que hay en su persona. Con todo, la verdad sea dicha, enarbolando la bandera del pragmatismo y siguiendo los convencionalismos sociales que más le acomodan, busca ser reservado y modesto, hasta humilde. En su actuar consciente se conduce como una persona mesurada y prudente, pero nada más es cosa de que le den cuerda, y le hagan dos que tres cosquillitas, y sale a relucir su verdadero rostro, el del sabelotodo, el del que siempre quiere tener la razón.


Empero, en su descargo hay que decir que siempre que encara una discusión o debate, lo hace con la mejor disposición de que, si recibe el argumento adecuado, pueda cambiarse su opinión. Además, gusta de transmitir el poco conocimiento que pueda tener y trata de no imponerse (si bien en el fondo está seguro del error del interlocutor). Digamos que hasta cierto punto es consciente de su situación y trata de atenuarla, y busca en la medida de lo posible alejarse de ella en tanto es conveniente. Es un impulso involuntario en él, casi un instinto, pero día a día trata de dominarlo y, hay que decirlo también, a estas alturas de su vida ha logrado tenerlo bajo control, si bien de vez en cuando surje y lo vuelve a embriagar hasta la ofuscación.


Ángel es auditivo. En el esquema de la programación neurolingüistica, según el cual las personas perciben el mundo predominantemente en alguna de estas formas: visual, kinestésica y auditiva, este indiviuo sería una persona auditiva. Siendo así, le atrae el lenguaje y lo relacionado con el mismo. Los idiomas le fascinan. Sobra decir que es un melómano y que gusta de la lectura -aunque hace meses no lee un libro. Cualquier ruido puede distraerlo, incluso sacarlo de quicio. Ha llegado a odiar personas tan solo por su todo de voz o su forma de hablar. Odia los doblajes en general, aunque venera y reconoce a las contadas excepciones de buenos doblajes que existen. Ha dejado de ver caricaturas que otrora le encantaban, por el simple hecho del cambio de voz en el doblaje (Los Simpsons, Padre de Familia, American Dad, algunos episodios de South Park). Es muy quisquilloso, entre otras cosas, en eso de las cuestiones sonoras.


Disfruta de una buena cerveza y una buena charla con un amigo. Disfruta mucho más las pedas. Le gusta beber y embriagarse. Sí toma seguido, pero en realidad sólo algunas veces sí se ha puesto realmente como araña pisada. Tal vez el alcohol saca lo mejor de él como persona: lo hace noble, simpático, afable, cooperador, bailador, incluso le da claridad mental para elucubrar las más interesantes reflexiones (mismas que nunca recuerda al día siguiente y que mueren en el anonimato). Se vuelve gallardo y emprendedor. Brioso. Tal vez sus mayores proezas sexuales han ocurrido bajo el influjo del alcohol.


Constantemente se recrimina con dureza por no ser más de lo que es. Se reprocha su falta de disciplina y su desorganización. Sobre todo no se perdona su desidia y esa inexplicable capacidad que tiene de perder el tiempo. Tal vez se exige demasiado, dirán algunos. Él no lo cree así. Él está convencido de que puede lograr más, pero que el mayor obstáculo para hacerlo siempre ha sido él mismo. Estos reproches son aun más recurrentes a estas alturas de su vida, donde ha llegado a un punto de indefinición e incertidumbre en algunos de los aspectos de ésta: ¿Fue esto lo que siempre quiso hacer? ¿El trabajo terminará por devorarle? ¿La enajenación se apoderará de él? ¿Desaparecieron los sueños y aspiraciones de hacer algo realmente significativo en la vida? ¿Llegará el día del colapso, en que lo invada irremediablemente la idea de haber seguido durante su vida el rumbo equivocado? Si a estas alturas sigue sin superar sus más grandes temores y traumas, ¿algún día lo logrará? ¿Terminará siendo un viejo amargado y aburrido? ¿Es, en definitiva, quien creyó que sería cuando tuviera esta edad? ¿Está donde pensó y quiso estar?


Por fin, ¿tendrá algún día los huevos de mandarlo todo al carajo y empezar de nuevo y enderezar su vida?


Ángel es, también, profundamente egoísta. No le importan los demás; o bien, sólo le importan en tanto pueden redundarle en un beneficio. No es así porque quiera ser culero, simplemente es su inclinación natural. Le cuesta mucho trabajo mostrar empatía, pero realmente lo intenta. También, como en el caso de su delirio de grandeza, lucha constantemente por tratar de preocuparse por los demás, especialmente por las personas cercanas a él. Este tendencia la lleva a la práctica con mayor efectividad en su desempeño profesional como abogado, pero ello se debe a que la misma profesión se lo exige. Y qué bien, pues en ese aspecto le ha ayudado a ser mejor. Ángel siente una gran gratitud hacia la abogacía porque le ha permitido desarrollar habilidades que naturalmente no se le dan.


Ángel tiene aún la capacidad de ser conmovido por ciertas canciones. No dirá cuáles. Alguna de ellas seguramente lo hará romper en llanto, y por ello la evita a toda costa. Esas melodías, las que realmente le llegan, tienen que ver con ciertos momentos de su vida, y sobre todo con su familia y consigo mismo. Muy probablemente, en algunos años, pasará horas encerrado, solo y ebrio, torturándose con el sonido desgarrador de estas canciones, recordando la vida que se le fue de las manos. No quiere pensar en ello, pero no lo descarta como una posibilidad factible.


Le gusta reír y hacer reír. Y más que reír, burlarse: disfruta enormemente la burla malvada y culera, el sarcasmo y la ironía. Eso siempre lo ha caracterizado y le ha hecho ganar tanto simpatizantes como detractores. No le importa. Él goza, y al parecer fue la única forma de humor que se le ha dado. Admira a los que son simpáticos de manera natural y no tienen que andar escarnizando al prójimo de la manera más ruin posible. Busca, incluso, aprehender de ellos, en esa prudente tendencia que ha seguido de unos años para acá de apartarse, en la medida de lo conveniente, de sus más primarios impulsos.


Disfruta. También disfruta de la vida y sus mieles. Ha conocido los placeres mundanos que nos son ofrecidos día a día y ello lo hace con el mayor desenfado. Algunas etapas de su vida han recibido algún sentido debido a esta inclinación desmedida por lo placentero. Ésta, en particular, no es la excepción, y en ella parece que Ángel se ha abandonado a los más caprichosos designios de su ramplón hedonismo. Qué bueno que lo haga. Que disfrute ahora que puede antes de que la vida le pase factura y que se dé cuenta del precio que habrá de pagar. No le importa. Al final, sin un dios en quién creer, sin una vida en el más allá en la cual estar esperanzado, lo peor que puede hacer en este mundo es tener contemplaciones de ningún tipo y, mucho menos, mucho menos, privarse de los dulces placeres (los más dulces son los prohibidos) que brinda la vida.


Y finalmente vive. A pesar de todo vive y quiere mirar adelante. Pese a días como éste, en que todo se vuelve una confusión, se rehace y vuelve a encarar la vida con cinismo, convencido de que sea ésta tal vez la única manera posible de hacerlo.

Otras veces, la mayoría, no vive; sólo mata el tiempo.

domingo, 12 de abril de 2009

Junkhead


La ciudad de Seattle, Washington, fue el escenario. Por aquel entonces, siendo el año de 1987, en una fiesta cualquiera, tenía lugar un encuentro que marcaría la historia del rock. Ni sus protagonistas lo sabían. Layne Staley se desempeñaba como baterista y mostraba inquietudes por el canto. Jerry Cantrell, por su lado, hacía ya desde entonces lo que mejor sabe hacer: tocar la guitarra. Alguien los presentó. Platicaron; se entendieron bastante bien, pues compartían gustos musicales. Tal vez fue el el calor de la peda, o la influencia de alguna otra sustancia en sus organismos, pero en ese momento dijeron: "Hey, ps hay que hacer un pinche grupo, ¿no?".


Lo hicieron. Después de reclutar a otros músicos, formaron Alice In Chains. Viene el EP We die young. El primer disco, Facelift, se edita. Un disco denso y pesado, con letras oscuras. Es 1990 y la banda comienza a ganar notoriedad. Otro EP, Sap, se lanza en el año de 1992. Es el preámbulo para el lanzamiento de la obra maestra del grupo: el sublime Dirt.


Llega la fama internacional. El disco muestra la plenitud creativa que alcanzó el grupo en aquellos años de la fiebre efervescente del llamado grunge. El grupo no debía nada a Nirvana ni a Pearl Jam, mucho menos a Soundgarden. Estos güeyes se cocían aparte. Layne Staley se consagra como gran figura, debido a su peculiar y potente voz, y su desgarradora forma de cantar. Además, la temática es heroinómana por excelencia: depresiones, pasones, la ideología del junkie, la adoración y apología de la droga. La inclusión de estos tópicos era más que justificada, pues bien sabido era que los miembros del grupo se arponeaban gacho y le ponían duro a la heroína. El más clavado era Staley. Siempre lo fue. El disco los catapulta y los coloca como uno de los grupos insignes del movimiento grunge, que se generó en la ciudad de Seattle, Washington, a finales de los años 80's del siglo pasado. Giras, mujeres, lo bello de la vida: sexo, drogas y rock n' roll.


Se edita el Jar of flies en el año de 1994. Magnífico disco, un tanto más calmado y acústico. Layne Staley, junto con músicos de Pearl Jam y Screeming Trees, forma el proyecto Mad Season. Un disco, Above. Tecere LP, llamado simplemente Alice In Chains. Año de 1995. No hay giras, pues Stanley sigue sumido en la adicción a la heroína y en sus recurrentes depresiones. Alice In Chains regresa a escena, para ejecutar un legendario Unplugged, para MTV, en los tiempos en que la dicha cadena de videos organizaba buenos acústicos, no como hoy, que lo hace con figurines como Shakira, Ricky Martin, Diego Torres y Maná (aagggrrrhhh). Show magnífico; mágico, que sin embargo dejó ver a un mermadísimo Layne Staley, todo ñango, desaliñado, con la voz disminuida y apenas abriendo los ojos. Con todo, lo que son las cosas, ese semblante le dio un matiz depresivo a la actuación que abonó considerablemente a su carácter místico. Antes, Staley parecía más bien un malandro que cantaba como los más endemoniados condenados; ahora lucía frágil y endeble, más al estilo Kurt Cobain.


Meses más tarde, sirviendo Alice In Chains como telonero de KISS, (sí, no mamar), en ese mismo año, Layne Staley cantó por última vez con el grupo en un concierto en vivo. Vinieron años de inactividad, hasta que en 1998 fueron grabados dos temas: Get Born Again y Died. Otro receso. Staley ya no daba para más: estaba perdido en una espiral descendente de depresión y drogas. Su novia había fallecido en 1996 y nunca se llegó a reponer de esa pérdida. Heroína, más heroína. En esos periodos, quien era el guitarrista y -hay que decirlo- cererbro del grupo, Jerry Cantrell, grabó dos discos como solista. Mientras, se edita un disco de éxitos del grupo y otro de temas en vivo.


Staley permanecía esquivo, encerrándose cada vez más en su nebulosidad personal. Su brazos estaban cansados de tanto ser pinchados, pero su sangre de caballo le exigía el sosiego que sólo la heroína podía brindarle. Tranquilidad breve. Su vida se tornó en la de un junkie cualquiera, como el retratado en sus letras. La realidad de la condición que una vez alabó en canciones tan magníficas como Junkhead, terminó por devorarle y pasarle factura. Formaba parte de uno de los grupos más respetados de la escena alternativa mundial, pero eso no lo ayudó a dejar el estilo de vida que a la postre lo llevó a su triste final. Se vio acorralado, empero, en un aislamiento desconsolador en el que las drogas eran sú única opción.


El día 19 de abril de 2002, se econtró a Layne Thomas Staley en su casa de Seattle, muerto. Su cadáver había entrado en etapa de putrefacción cuando se le localizó. Tuvo que reconocérsele mediante su dentadura. La necropsia reveló que llevaba dos semanas de fallecido y que la causa del deceso había sido una sobredosis con speedball, que es una combinación de cocaína y heroína. Habría muerto, pues, el día 5 de abril de ese año. ¿Les suena la fecha? A sus 34 años dejó este mundo. Murió solo, siendo una estrella de rock atormentada y mártir. Tal vez alguien pudo hacer más por él y evitar el trágico desenlace. Tal vez a nadie le importó. Sí, Layne, we die young.


Partió una de las grandes voces de la historia del rock, y sin duda la más cabrona de todas las de los grupos del so called movimiento grunge. El corazón y el alma de Alice In Chains decía adios sin despedirse, sin nadie que se enterara y estuviera ahí para tratar de impedirlo.


Empero, sin alma ni corazón, Alice In Chains sigue. Después de que lo más lógico era anunciar la disolución del grupo, no hubo tal pronunciamiento. Muy por el contrario, el grupo se reunió para tocar en dos ocasiones en los años de 2005 y 2006, con vocalistas variados, incluso otro grandísimo cantante como es Meynard James Keenan, de Tool. Aun así, todo parecía que eran reencuentros ex professo, y que el grupo como proyecto o como entidad viviente ya no existía, por la insubsanable pérdida de Staley. Pero no. No. Cantrell ya anunció que para este año 2009 se estará lanzando el nuevo disco del grupo. Pero eso no es lo peor, sino que se reclutó a un pelagatos cualquiera, sin nombre, para "cubrir" a Layne. Imperdonable, pues además de que ese hueco será imposible de llenar, no es una persona que está a la altura para al menos ocupar el puesto de vocalista. El lugar de vocalista de Alice In Chains tendría que ser, en su caso, cubierto por algún cantante consagrado, como fue lo que sucedió con los miembros de Rage Against The Machine, que incorporaron a sus filas nada más y nada menos que a Chris Cornell, ex frontman de Soundgarden para formar Audioslave.


Como buen fan que soy, la situación me resulta indignante. Habrá que ver cómo se desempeña el monigote ése, si bien, insisto, nunca se le debió dar cabida en el grupo. Una salida decente, ante la falta de Layne Staley, habría sido que el mismo Jerri Cantrell tomara la voz del grupo, ya que también canta. Ok, poniéndome laxo, debo aceptar que el grupo sin Staley podía (aunque no debía) subsistir; mas el grupo sin Cantrell sí resultaba impensable, pues él era el principal compositor de letra y música. Y siendo así, no veo la necesidad de tratar de sustituir a Staley con alguien externo. El indicado, en todo caso, debió ser Jerry Cantrell, el cerebro del grupo, según se dijo.


Darán mil excusas. Dirán que incluso así lo habría querido el propio Layne Staley, pero en el fondo saben la afrenta que le causan a su memoria y a sus fans. Era el luto que se le debía a un gran artista que no supo lidiar con la vida y con la fama. He querido recordarle en este texto y destacar su importancia. Mis palabras no le hacen justicia, pues sólo su obra habla de él como nadie puede hacerlo. Quienes lo hayan escuchado, me darán la razón; quienes no, sería un buen momento para que comenzaran a conocer a este insigne artista, un verdadero rockstar que llevó todas las implicaciones de su condición a las últimas consecuencias.

domingo, 5 de abril de 2009

In Memoriam



La fecha oficial en que se estima falleció Kurt Donald Cobain fue el 5 de abril de 1994. Eso sería exactamente hace quince años. La mañana del día 8 del mismo mes y año, su cuerpo sin vida fue hallado por un electricista que iba a realizar algunas instalaciones en la casa del intérprete. Yacía en el invernadero del inmueble. Un charco de sangre provenía de su oído izquierdo. Una escopeta tirada a un costado. Jeringa y demás parafernalia inherente al consumo de heroína. ¿Nota suicida?


El mundo estaba consternado y nadie quería creerlo. Se recordó el día en que se supo de la muerte de John Lenon. Caía una víctima más del show business. Se volvió un lugar común entre la generación de jóvenes fans del cantante preguntarse: ¿Dónde estabas cuando supiste de la muerte de Kurt Cobain?, así como en su momento se cuestionó en iguales términos respecto al deceso de John F. Kennedy. Nirvana, el grupo de rock más importante del momento, quedaba descabezado sin haber alzanzado su plenitud musical. Eso era todo. Se rompió una jerga, y todos se tuvieron que ir a la...


Nació el mito de Kurt Cobain. Esto sucede cuando apenas alcanzo la edad de 10 años y curso el quinto año de primaria. Creo recordar que en alguno de esos días mis compañeros de escuela comentaron el funesto suceso. No presté atención, pues en primer lugar en aquel entonces no conocía nada de música en general, ni de rock en particular, mucho menos de la obra del malogrado músico y el grupo que junto con él redimió a una marchita y lastimera escena musical mundial: Nirvana. Mis compañeros, algunos de los cuales tenían hermanos mayores que los iniciaron en tales menesteres, conocían ya la obra de dicho grupo y ya se consideraban fans del mismo. El evento me pasó de noche.


Quién diría que un par de años después, sobreviviendo el segundo año de secundaria, descubrí al grupo y a Kurt Cabain. Un entonces amigo, Humberto, me prestó dos cassettes: el Nevermind y el Incesticide; el primero grabado y el segundo original. Me dijo que los escuchara, pero que el chido, el chido, era el grabado. En efecto, el disco que más me entró fue Nevermind. Así conocí a Nirvana.


Algunos años después, llegaría incluso a renegar del Nevermind, y reconocer la superioridad y valor del grandioso Incesticide, pero eso es otro cuento. La música del grupo era lo más chingón que había escuchado hasta entonces y me volví su más devoto seguidor. Sobra decir que la figura de Kurt Cobain siempre destacó del resto de los integrantes de Nirvana, en principio por su desmesurado talento e increíble genialidad, y después, lógicamente, por la tragedia que lo rodeaba: una muerte inexplicable, que aún hoy día sigue discutiéndose si la produjo un suicidio o un abyecto asesinato.


Idolatré al grupo, pero principalmente a Cobain. Él era el chido, el genial, el creativo, el artístico, el mártir. Su forma de tocar la guitarra, de enloquecer en los toquines y desmadrar todo al terminar. La música era sencilla, pero potente y efectiva. Quienes dicen haberlo conocido, hablan de una persona fuera de lo común, con una sensibilidad artística muy peculiar. Fallece, desde mi perspectiva, sin haber alcanzado su plenitud creativa y musical. Apenas nos regaló tres discos de estudio; lo demás son recopilaciones.


¿Qué seria hoy de Kurt Cobain, si siguiera viviendo? Por lo que se dice, Nirvana andaba en las últimas. El grupo estaba por desintegrarse. Fuentes cercanas afirman que el guitarrisata cocinaba un proyecto musical con el cantante de R.E.M, Michael Stipe, quien fue una de las personas más cercanas a él en los meses cercanos a su triste final. Tal vez una carrera solista conservada hasta estos días; un sano divorcio con la piruja de Courtney Love. Los demás miembros del grupo, Dave Grhol y Krist Novoselic, en sus respectivos asuntos, seguramente sin corresponder a los que actualmente los ocupan (Foo Fighters y cagar aguado, respectivamente). Tal vez un reencuentro por estos años. Una gira mundial. Una legendaria segunda visita a México, como la que nos acaba de regalar Radiohead. Cobain consolidado como el músico más respetado e influyente de la escena rockera mundial. Unos años más tarde, el Salón de la Fama del Rock and Roll. Tal vez, habiendo subido de categoría, ahora saldría con top models y no con pellejos como los de su viuda. Tal vez habría asistido a los grammy's. Quizá hasta lo habríamos visto en los puñetos premios MTV de Latinoamérica.


A lo mejor habría actuado. Posiblemente habría dedicado más tiempo a la expresión plástica, que se le daba con bastante facilidad. Seguramente nos estaría ofreciendo música chingoncísima. Habría protagonizado escándalos. Habría destruido otros tantos cientos de guitarras, todas Fender. Courtney Love habría vuelto a talonear a los tugurios de Alaska, a desnudarse para los esquimales hediondos a foca y a pescado. Estaría gorda y acabada, maldiciendo su vida y añorando los años de bonanza y notoriedad que le dio su relación con el frontman de Nirvana. Nada de películas ni de glamour. Habría regresado a ser lo que era, lo que más bien siempre fue pero trató de disfrazar.


Kurt Cobain se fue, o se lo llevaron. Nos quedó debiendo su mejor música y muestras mayores de su talento y genialidad. Ciertamente su obra se ubica entre las más importantes de la historia del rock, y es de un valor incalculable; empero, es relativamente breve, considerando el gran potencial artístico que tenía el músico. Partió antes, como Jim Morrison, Janis Joplin, Jimmy Hendrix y Robert Johnson, teniendo la misma edad de estas otras leyendas: 27 años. ¿Quién sería Kurt Cobain estos días? Ésa es la pregunta que surge hoy, cumplidos quince años de su muerte. En otros años me pregunté cuál fue la realidad acerca de su deceso; quién fue el responsable. Maldije y renegué de la vida, medio y personas que lo llevaron, directa o indirectamente a la tumba. Hoy que Nirvana dejó de ser hace mucho tiempo mi grupo favorito, sólo me queda preguntarme qué sería de Kurt Cobain el día de hoy.


Quise hablar de él en este post. Habría podido expresar más cosas, más sensaciones, si esto lo hubiera emprendido unos diez o nueve años atrás. Con todo, sirvan estas palabras sin hilación ni sentido o coherencia como el más sincero homenaje que mi circunstancia actual me permite rendir a la mítica figura de Kurt Cobain, cuya vida y obra tuvo una profunda influencia en mi vida y mi forma de verla.


Te admiro y respeto. Alguna vez te idolatré. Estás entre los grandes y siempre serás recordado. Ahora, quién lo diría, tus palabras vuelven a reflejar mi realidad: Teenage angst has paid of well; now I'm bored and old.

domingo, 22 de marzo de 2009

God loves his children (even the chilango ones), yeah! Radiohed en México

Casi 15 años desde la primera vez. Casi tres lustros transcurridos desde la accidentada primera visita. Más de catorce años desde aquella ocasión en que el grupo se colapsó y vivió un punto de inflexión fundamental en su carrera, cuando en medio de su pequeña gira por México decidieron no desintegrar lo que entonces era una promesa interesante de la música alternativa. Radiohead volvía a México el 13 de marzo de 2009, para tocar los días 15 y 16 de los corrientes, y así iniciar su gira por Latinoamérica.


Ahora regresaba como una de las bandas más respetadas tanto por el sector mainstream, como por la crítica especializada. Esta vez, como la que probablemente sea la más importante agrupación de rock de la última década y parte de la pasada, así como una de las grandes bandas de todos los tiempos, equiparable a lo que en su momento fue Pink Floyd o The Beatles.
La sede de tan importante suceso fue el Foro Sol, en el Distrito Federal, capital de la República Mexicana. Era una cita inobjetablemente obligada para todo aquél que se preciara de ser fan del grupo, incluso para cualquier neófito en su música (desafortunadamente).

Así las cosas, tuve que ir; tenía que ir, mejor dicho. Fui. Estuve ahí, en el primer concierto que dio Radiohead en México después de cerca de 15 años. Desde que mi gusto se inclinó por este grupo hará unos 9 o 10 años, pensé en la remota posibilidad de algún día llegar a verlos tocar en vivo. Era un sueño guajiro, como muchos que entonces tuve, que ahora tengo y que seguramente seguiré teniendo. De pronto, cuando me enteré de que el grupo estaría tocando en tierras mexicanas, esperé con ansias los cuatro meses que pasaron desde que se dio la noticia hasta el día del triunfal, magnífico regreso.

Se llegó el día, y ésta es mi crónica de lo que pasó. Advierto que aunque todo el relajo que implicó ir hasta el D.F. al concierto, hacer cola, andar al pedo, esperar por horas de pie, y en general sufrir a los infames chilangos, da mucho de qué hablar, este post dejará de lado esas cuestiones para centrarse en los aspectos destacables -para bien o para mal- de la experiencia, que son en dos niveles: lo personal/vivencial/ musical y la crítica social, faros rectores de lo que se escribe en este blog. Así que, quien espere que estas líneas escarnicen las actitudes, comportamientos, poses, looks, pobreza cultural, ignorancia, estupidez, insignificancia, pequeñez y las demás cualidades inherentes a la índole chilanga, así como sus diversas manifestaciones, puede prescindir perfectamente de la lectura de este post. La referencia que se haga a ello será en la medida en que su inclusión aporte a la claridad expositiva de la crónica que esbozaré.

Radiohead


Con notable puntualidad comenzó el show. El grupo abridor fue Kraftwerk, a quienes se les conoce por ser los padres del Techno, y quienes tuvieron sus mejores tiempos y logros en la década de los 80's. Mucha gente protestó o al menos se extrañó del grupo invitado fuera ése, cuando en un principio se hablaba de que los teloneros serían los gloriosos Sigur Rós, o los ingleses de Portishead. Lo ideal, lo soñado, habría sido obviamente que los genios islandeces acompañaran a los de Oxford como en otras tantas giras lo han hecho, pero en fin. Habría sido un plus sensacional. Ni modo. Me queda de consuelo ya haber disfrutado de su música en vivo el año pasado en Guadalajara.

Pues bien, el grupo alemán tocó por aproximadamente cincuenta minutos un set que incluía sus mayores éxitos en versiones más cercanas al techo industrial y a los sonidos estridentes y sucios de Nine Inch Nails. Esta actualización realmente fue de agradecerse, pues le dio un nuevo giro a su música y la hizo verdaderamente disfrutable. Empero, la sensación general ante la actuación del cuarteto teutón, fue de "a ver cuándo se bajan estos pinches güeros", pues serían unas leyendas y todo lo que ustedes quieran, gusten y manden, pero a quien iba a ver yo, otros fans, y en su mayoría una inmensa chusma palurda, era a Radiohead. Incluso yo me permití gritarles alguno que otro improperio, en mi muy puñeto alemán frustrado. Todos ansiábamos que ya aparecieran en escena Thom Yorke, Johny Greenwood, Ed O'Brien, Colin Greenwood y Phil Selway, los papás de Oasis, de Blur (Blur sin Graham Coxon, aclaro), y ya no se diga de Travis, los maricones de Coldplay y las jotitas de Keane.

Aproximadamente a las 9:30 de la noche salió la banda. Emergió del lado izquierdo del escenario, encabezada por el neurótico y genial Thom Yorke, de quien muchos han dicho que es el Roger Waters de nuestro tiempo. Toman sus instrumentos. Se posicionan. Seguramente por un momento prestan atención a la gran cantidad de gente que se apostó en el Foro Sol, alrededor de cincuenta mil cabrones, una imagen que infinidad de veces habrán visto en su vida de mega rockstars. Sin inmutarse, comienzan: mi existencia de casi 26 jodidas vueltas al sol ya no es la misma. You used to be alright. What happened?

15 Step abrió el show, como bien lo anticipé. El público enloqueció, brincó y comenzó a empujar en todas direcciones (en el caso de la zona general a, en la que me encontraba), como locos desesperados, más por hacerle al cuento que por otra cosa, según abundaré más adelante. Por fin comenzaba el concierto, y desde que se escuchó la introducción percutiva de la pieza en cuestión, se sabía que sería algo realmente notable. Yorke baila, responde a la euforia del personal, y por fin deja escuchar su voz magnífica, por tantos años se esperó volviera a agitar los aires de este país.


Le sigue Airbag, tema inicial del grandioso disco Ok Computer. En este punto logra verse que la banda viene con la disposición de tocar temas clásicos ya arraigados en el gusto de los más fieles fans. Y así se confirma con la pieza que le sucede: There There. El grupo inmediatamente responde a la euforia (auténtica o forzada) que le ofrecía el público. Se ven complacidos, conscientes de que será una gran noche y de que su regreso marcará las infelices vidas de los presentes.

Como era de esperarse, el setlist del concierto debía incluir necesariamente los temas del álbum a cuya gira promocional pertenecía: In Rainbows. De forma alternada, a lo largo de la noche se fue interpretando uno a uno los tracks del que es el último disco de la banda. En lo particular, álbum de marras me había parecido un tanto menor, alejado de la complejidad y riqueza de sus predecesores. Pero qué equivocado estaba. El grupo hizo que me tragara tales blasfemias, al mostrar las posibilidades expresivas que su interpretación en vivo ofrecía: cadencia, sensualidad, elegancia, minimalismo, energía, feeling. Para destacarse, la ejecución de Nude, resultó estremecedora (aun cuando sigo prefiriendo la versión original, empero), precisa, justa. Qué decir de la mencionada 15 Step, de ritmo y beat inigualable. No menos complacido terminé con las rockanrolerísimas Jigsaw Falling Into Place y Bodysnatchers, en las que el grupo mostró que conserva aún la energía que alguna vez lo llevó a crear piezas clave de su discografía como Just, My Iron Lung o Anyone Can Play Guitar.


I don't know what it is I've done wrong.

Apareció una renovada versión de The Gloaming, la rompemadres National Anthem, las fabulosas Optimistic y Pyramid Song. Se dejó escuchar también la genial y heterodoxa Idioteque, en la que Thom enloqueció mientras bailaba de manera extraña y gesticulaba en todas las formas posibles que su peculiar rostro le permitía. El grupo tocaba una canción tras otra, sin pronunciar innecesarias palabras entre pieza y pieza, evitando así que el personal se enfriara. Iban a lo que iban. Contundencia. Un par de Thank you's se escuchó, no más. Y no podían faltar los clásicos, los que la gente aclamaba, los que forjaron la grandeza histórica de la banda: Fake Plastic Trees, My Iron Lung, la bellísima No surprises, Lucky, Street Spirit, las grandiosas y legendarias Paranoid Android y Just. Nuevamente el grupo se reafirmaba a sí mismo en su magnificencia, en su capacidad, en su soberbia, en su chingonería. Era Radiohead y volvía a serlo; una vez más, cada vez y cada vez más. Parecían intocables, indestructibles, infalibles, perfectos.

You do it to your self, you do, and that's what really hurts. You and no one else.

La actuación del grupo resultó impecable, sencillamente perfecta. Una sonorización precisa, que hacía que cada uno de los instrumentos se escuchara de forma diáfana y limpia, y con una enorme potencia, con una gran claridad. La iluminación y/o juego de luces del escenario también fue estupenda, minimalista, pero grandiosa, consistente en una especie de tubos resplandecientes que colgaban del mismo escenario y despedían los más diversas luces según les sugería la intensidad y cadencia de la música. Algo en verdad notable; parecía como si haces de luz se irguieran alrededor de la banda, atrapándola, delante de una pantalla que transmitía tomas directas del rostro de freak de Yorke o de alguno de los demás miembros del grupo. Esta situación nos muestra el profesionalismo del grupo, que ha faltado en otros artistas internacionales que se han presentado en nuestro país y no falta que salgan a tocar pedísimos o marihuanos y olviden las letras de las canciones o, peor aún, la música misma.
- Are you ready? -preguntó en tono de provocación Thom Yorke, sólo para después iniciar el rasgueo del riff introductorio del glorioso tema Just-. Y así sonaba la penúltima canción del show, que significó uno de sus momentos más intensos, junto con la sublime interpretación de Paranoid Android, de toda la noche. Durante su ejecución, mi atención se centró casi completamente en el que es seguramente mi guitarrista favorito, inspiración en mis tentativas frustradas de volverme músico: Johny Greenwood. El tema en cuestión permite, como pocos, percibir la genialidad de este multiinstrumentista. Hay una sección de la canción en que a manera de puente o de un solo poco convencional, toca un pequeño riff mientras voz y demás instrumentos enmudecen. Simplemente magnífico. Mi definitivo gusto e interés por Radiohead nació a partir de que un video tomado del concierto MTV Ten Spot, de 1998, en el que precisamente tocaban esa canción y en el que se resaltaba la parte de la misma a la que me he referido. Qué chingón tocan, pensé. No sabía, ni siquiera soñaba, que diez años después se estaría interpretando esa canción sólo para mí, enteramente para mí.

Everything in its right place cerró el show. Otra ejecución memorable. El grupo se despide. Hacen reverencias. La gente y yo no creemos lo que acabamos de ver; no creemos que lo acabamos de ver. Vuelve la sensación de vacío. Otra vez la vida. Tal vez no la misma vida. El concierto cumplió y casi me satisfizo. Habría sido magnífico, un sueño, que tocaran otros temas que se quedaron guardados. El primero de ellos, que seguramente es mi preferido, es Subterranean Homesick Alien. Pieza hermosísima incluida en el magnífico Ok Computer, que me estremece y emociona como pocas cuando la escucho. Fue una lástima que no se incluyera en el setlist, aunque para ser sincero no esperaba que la tocaran. Otra que también quedó fuera y se extrañó fue A wolf at the door, del disco Hail to the thief. Ya no digamos Electioneering o la preciosísima y desesperanzadora Let down, también del mejor disco de la década de los noventa. Otra que me habría encantado escuchar es Exit music (for a film), que por el contrario sí se tocó, si bien comentan que accidentadamente, en el concierto del día 16. Ni hablar.

And now, we are one, in everlasting peace. We hope that you choke.

Eso fue Radiohead: el primer mundo, la genialidad, la elegancia, lo máximo, grandes entre los grandes. Es sólo rock and roll, pero a algunos todavía nos gusta. Sólo rock n' roll ¿poca cosa?

Lo demás

Al margen de la impecable actuación de Radiohead, no faltaron las falencias típicas de los eventos promovidos por esa entidad monopolizadora que se llama OCESA. Pésima organización: desde el acceso a Foro Sol, hasta el sobre cupo de las localidades en las áreas generales. Se dejó entrar a la gente dos horas antes de que empezara el acto de los teloneros Kraftwerk, así que ésta desde ese momento ya se encontraba, en dichas áreas, bien aperrada y sin poderse sentar, cuando por el contrario antes de que se le diera acceso al Foro podía cómodamente hacer cola sentada. En esas dos horas se vendió cerveza y agua al por mayor, a los precios desproporcionados a que nos tiene acostumbrados OCESA.

Nula seguridad. No se advertía por ningún lado de las zonas generales la presencia de los cuerpos de seguridad, ahí donde sí sucedían los chingazos. No. Estaban más preocupados por no dejar entrar cámaras, alimentos y bebidas que por la integridad física de los usuarios, aun en áreas como ésas en que había sobrecupo y la gente estaba de pie. Me tocó ver cómo en el aventadero que se dió con motivo del inicio del performance de Radiohead una chava no aguantó más y se desmayó. Su novio, angustiado, trató de jalarla y arrastrarla para sacarla de ese turba enardecida y cegada por una estupidez disfrazada de fanatismo. Una desgracia habría ocurrido si la joven hubiera caído al piso. No la cuenta. Y la seguridad, ni sus luces.

Algo que tampoco me gustó fue que de entrada se fijara una zona general para estar de pie, pegada al escenario. Me parecía mejor haber puesto sillas o gradas en tal lugar para difrutar cómodamente sentados el concierto: música y actuación. Así todos habrían podido ver y nadie habría comenzado a empujar. Parece que los de OCESA ignoran, o de plano les vale, el valemadrismo y gandallismo innato del mexicano, y su versión potencializada en las personas de los chilangos, raza maldita. Si los organizan y los sientan, no habrá ese tipo de problemas. Si los dejan parados y que se acomoden como ellos puedan, necesariamente habrá conflicto, pues todos, fascinerosos, en su profundo egoísmo, empujarán a todos lados sólo por divertirse o por ubicarse mejor, valiéndoles madre a quién chinguen.

Quién sabe, ahora que lo pienso, tal vez las sillas no serían la solución, pues fieles a su índole ventajosa y chingativa, los asistentes, carentes de toda civilidad y educación, en su mayoría chilangos (raza maldita), serían capaces de pararse en tales objetos con tal de pasarse de listos, o burlar el orden. Ok, ok, en descargo de los chilangos diré que esa actitud se ha visto en otros lugares -incluso aquí en Aguascalientes, hágame el refabrón cavor-, y que no les es esencial en tanto chilangos, sino, tristemente, en tanto mexicanos. Eso sí, me perdonan chilanguitos, pero ustedes sí se pasan de vergas y ese tipo de actitudes nefastas lo llevan a niveles extremos. Al César lo que es del César, y a Dios, que te vaya bien.

Finalmente es responsabilidad de los organizadores cuidar de ese tipo de detalles. Pero como a éstos les viene valiendo pito, pues qué se puede esperar. Ellos con vender -y revender- sus boletos carísimos (aunque para Radiohead no lo fueron tanto) se dan por bien servidos. Que los pendejos de sus usuarios se hagan bolas y que se rasquen como puedan. Así se cuecen las habas en este marginado tercer mundo. Vaya contraste entre la actuación impecable y profesional del grupo de Oxford y la organización pobre y tercermundista de OCESA.

Otra circunstancia que menguó el disfrute que pudo tenerse del evento fue la predominante actitud avorazamiento, valemadrismo, gandallismo y falta de civilidad de los asistentes, en su mayoría chilangos. Desde el pendejo que insistía en bailar con las canciones de Radiohead aun con el apretadero que había, hasta el pinche menso que levantaba los brazos al ritmo de la música, pero con los pasos de "La Ventanita", de ese grupazo que fue Garibaldi. Ah, sí, claro, y toda la bola de culeros cantando; cantando todo. No mamen, ¿van a escuchar a Radiohead o a cantar ellos? O sea, ¿para qué chingados cantan? Ah, pero no, ellos van a echar su desmadrito, y jódanse los demás (jódame yo). No asisten para escuchar la música, la grandiosa voz de Thom York, sino para echar desmadre. Realmente le fastidian la diversión a quien, como yo, sí va a escuchar y a presenciar la interpretación y ejecución de la banda. Ciertamente uno se emociona, e incluso eso llega a justificar algunos coros de ciertas canciones, va, ¿pero todas y todo el pinche rato?

Una actuación memorable, un performance inigualable y sublime, dirigido a una numerosa e infame chusma. Margaritas para los cerdos. En general, este público mexicano, el chilango en particular, no merece shows de primer mundo si no sabe comportarse civilizadamente. La próxima vez que vea tocar a Radiohead, preferiría que no fuera en este país; seguramente se disfrutaría más. En fin, aquí nos tocó vivir.

domingo, 15 de febrero de 2009

El blog so far (o escribir por escribir)


Seis meses han transcurrido ya desde que inició esta puntada (según algunos, un mal chiste) de mi blog. Ahora, como entonces, su autor, más que claridad mental, visión y tranquilidad para escribir, acusa una grave indefinición en cuanto a los derroteros por los que quisiera llevar éste que es uno de los tantos proyectos que ha emprendido.

Prueba de ello es que hace poco más de dos meses no se ha publicado nada. Ni quién se queje, dirá más de uno haciendo referencia al hecho de que, seamos honestos, no se trata, por mucho, del blog más visitado de la web. El caso es que, quién sabe si contra la voluntad de su creador, este espacio abierto para la expresión de las sandeces de la más diversa índole, está pasando por una etapa crítica de infertilidad. En principio, parecía llevar buen ritmo, y casi cada semana se subía algún texto, pero después no sé qué acaeció y gradualmente la empresa de escribir se fue volviendo harto complicada.

Así las cosas, a dos meses del último post (no me complace al cien por ciento ese vocablo, pero en fin), parece que sigo en las mismas: tengo mucho que escribir, pero no escribo nada. Seguramente esta situación es una de las tantas en que mi actual circunstancia personal se refleja. En estos momentos de mi vida, sufro de una terrible desorganización, tal vez la peor que me haya tocado experimentar: me levanto tarde, me duermo tarde, me paso horas sin hacer nada de lo que debería hacer, ya sea en el trabajo o en mi vida privada; me cuesta bastante ceñirme a un cierto plan de actividades para poder aprovechar mi tiempo y mi potencial, o en general a apegarme a cualquier tipo de disciplina. Vamos, ya ni estoy leyendo nada en concreto (llevo como unos 3 meses tratando de terminar de leer el libro más denso con el que me he liado: José Trigo, de Fernando Del Paso, y no le veo la salida), sino algunas cosas dispersas de aquí y allá, obviamente sin ningún tipo de rigor metodológico, a pesar de que cuento en mi biblioteca personal (ahora que lo pienso, qué mamona llega a sonar la expresión) con bastantes obras de reconocida calidad que esperan ser leídas.

Desmadre en mi vida, desmadre en el blog: textos que no parecen llevar un hilo conducor (porque no lo llevan), temas que se quedan a medias, posts que nunca llegan. Me gustaría mucho prometer en este momento mayor prolijidad y cubrir los tópicos que en más de alguna ocasión he anunciado, pero la verdad no puedo. Si se ha estado leyendo esto con atención, y sobre todo si se sabe leer entre líneas, puede advertirse claramente que este post en realidad no dice nada, no trata de nada. Ésa es la situación del blog al día de hoy, no habla absolutamente de nada.

A seis meses de haberse creado, por las circunstancias que ya puntualicé, el blog está en una especie de stand by. Estas líneas que hoy escribo, las he esbozado sólo por escribir: escribir por escribir. Escribir para que quien ingrese al blog no advierta que ya hace buen rato no se me ocurre nada y que últimamente he estado activo; escribir para irla llevando y, sinceramente, para que no se vea tan pelón el blog.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Los Años Maravillosos


El lector habitual -hipotético- de este blog, a estas alturas ya habrá podido darse cuenta de que lo que se escribe en el mismo carece de la más mínima coherencia interna. En otras ocasiones se ha prometido textos sobre diversos temas que no ha llegado a tratarse, pues antes de que ello ocurra irrumpe en la mente de su creador alguna inquietud novedosa o apremiante, que necesita ser atendida. El romántico llamaría inspiración al fenómeno; el cínico lo llamaría falta de orden, disciplina e idea. Hasta el momento no sé cuál de las dos explicaciones es la que se adecua al devenir que ha estado presentando el blog.

Llámese, pues, como se quiera. El caso es que hoy, a casi un mes de mi último post (que no contiene un texto mío), aun teniendo muchas cosas sobre las cuales escribir, nada me impelía de manera determinante a hacerlo. Pero las circunstancias son impredecibles y el mundo pequeño, tanto que hicieron que me encontrara con una pregunta sin respuesta, una historia sin final, una realidad sin explicación, un conflicto sin resolver: Laura.

Caminando por la calle, hablando por el celular. Ahí estaba esa mujer de tez clara, cabello oscuro, figura esbelta. Yo me encontraba dentro de mi carro, estacionado, cuando la vi pasar. Estaba idéntica a como la recordaba, como si los años no hubieran pasado por ella. Cruzó la calle. Fue todo.

A algunos amigos cercanos les anticipé la idea de la creación de una sección o serie dentro de este blog, a la que llamaría "Los Años Maravillosos", en honor a la serie televisiva estadounidense The Wonder Years, y donde narraría acontecimientos de mi adolescencia y niñez, con especial énfasis en la experiencia que significó para mí la etapa de la secundaria. Así, para empezar, sería yo una especie de Kevin Arnold de petatiux, y durante la serie se irían revelando los distintos personajes que me acompañaron en esas vivencias y su posible equivalencia con los del aclamado programa de televisión.

Y es en este punto donde las dispersas ideas que he tratado en este post convergen: Debido a las circunstancia de haber vuelto a encontrarme con esa persona, retomé la idea de establecer la sección de Los Años Maravillosos, pues justamente ella protagoniza algunas de las historias que habrá de contarse. Espero que no, pero tal vez gran parte de lo que se escriba tendrá relación con esa mujer, que finalmente motivó el inicio de esta sección. En textos siguientes, cuando se hable a fondo de ella -no por nostalgia ni cursilería, sino por la más instintiva reacción-, se entenderá por qué.