
viernes, 1 de mayo de 2009
Ése soy yo (o exhibicionismo barato)

domingo, 12 de abril de 2009
Junkhead

domingo, 5 de abril de 2009
In Memoriam

domingo, 22 de marzo de 2009
God loves his children (even the chilango ones), yeah! Radiohed en México
Ahora regresaba como una de las bandas más respetadas tanto por el sector mainstream, como por la crítica especializada. Esta vez, como la que probablemente sea la más importante agrupación de rock de la última década y parte de la pasada, así como una de las grandes bandas de todos los tiempos, equiparable a lo que en su momento fue Pink Floyd o The Beatles.
La sede de tan importante suceso fue el Foro Sol, en el Distrito Federal, capital de la República Mexicana. Era una cita inobjetablemente obligada para todo aquél que se preciara de ser fan del grupo, incluso para cualquier neófito en su música (desafortunadamente).
Así las cosas, tuve que ir; tenía que ir, mejor dicho. Fui. Estuve ahí, en el primer concierto que dio Radiohead en México después de cerca de 15 años. Desde que mi gusto se inclinó por este grupo hará unos 9 o 10 años, pensé en la remota posibilidad de algún día llegar a verlos tocar en vivo. Era un sueño guajiro, como muchos que entonces tuve, que ahora tengo y que seguramente seguiré teniendo. De pronto, cuando me enteré de que el grupo estaría tocando en tierras mexicanas, esperé con ansias los cuatro meses que pasaron desde que se dio la noticia hasta el día del triunfal, magnífico regreso.
Se llegó el día, y ésta es mi crónica de lo que pasó. Advierto que aunque todo el relajo que implicó ir hasta el D.F. al concierto, hacer cola, andar al pedo, esperar por horas de pie, y en general sufrir a los infames chilangos, da mucho de qué hablar, este post dejará de lado esas cuestiones para centrarse en los aspectos destacables -para bien o para mal- de la experiencia, que son en dos niveles: lo personal/vivencial/ musical y la crítica social, faros rectores de lo que se escribe en este blog. Así que, quien espere que estas líneas escarnicen las actitudes, comportamientos, poses, looks, pobreza cultural, ignorancia, estupidez, insignificancia, pequeñez y las demás cualidades inherentes a la índole chilanga, así como sus diversas manifestaciones, puede prescindir perfectamente de la lectura de este post. La referencia que se haga a ello será en la medida en que su inclusión aporte a la claridad expositiva de la crónica que esbozaré.
Radiohead
Con notable puntualidad comenzó el show. El grupo abridor fue Kraftwerk, a quienes se les conoce por ser los padres del Techno, y quienes tuvieron sus mejores tiempos y logros en la década de los 80's. Mucha gente protestó o al menos se extrañó del grupo invitado fuera ése, cuando en un principio se hablaba de que los teloneros serían los gloriosos Sigur Rós, o los ingleses de Portishead. Lo ideal, lo soñado, habría sido obviamente que los genios islandeces acompañaran a los de Oxford como en otras tantas giras lo han hecho, pero en fin. Habría sido un plus sensacional. Ni modo. Me queda de consuelo ya haber disfrutado de su música en vivo el año pasado en Guadalajara.

Aproximadamente a las 9:30 de la noche salió la banda. Emergió del lado izquierdo del escenario, encabezada por el neurótico y genial Thom Yorke, de quien muchos han dicho que es el Roger Waters de nuestro tiempo. Toman sus instrumentos. Se posicionan. Seguramente por un momento prestan atención a la gran cantidad de gente que se apostó en el Foro Sol, alrededor de cincuenta mil cabrones, una imagen que infinidad de veces habrán visto en su vida de mega rockstars. Sin inmutarse, comienzan: mi existencia de casi 26 jodidas vueltas al sol ya no es la misma. You used to be alright. What happened?

15 Step abrió el show, como bien lo anticipé. El público enloqueció, brincó y comenzó a empujar en todas direcciones (en el caso de la zona general a, en la que me encontraba), como locos desesperados, más por hacerle al cuento que por otra cosa, según abundaré más adelante. Por fin comenzaba el concierto, y desde que se escuchó la introducción percutiva de la pieza en cuestión, se sabía que sería algo realmente notable. Yorke baila, responde a la euforia del personal, y por fin deja escuchar su voz magnífica, por tantos años se esperó volviera a agitar los aires de este país.
Le sigue Airbag, tema inicial del grandioso disco Ok Computer. En este punto logra verse que la banda viene con la disposición de tocar temas clásicos ya arraigados en el gusto de los más fieles fans. Y así se confirma con la pieza que le sucede: There There. El grupo inmediatamente responde a la euforia (auténtica o forzada) que le ofrecía el público. Se ven complacidos, conscientes de que será una gran noche y de que su regreso marcará las infelices vidas de los presentes.

Como era de esperarse, el setlist del concierto debía incluir necesariamente los temas del álbum a cuya gira promocional pertenecía: In Rainbows. De forma alternada, a lo largo de la noche se fue interpretando uno a uno los tracks del que es el último disco de la banda. En lo particular, álbum de marras me había parecido un tanto menor, alejado de la complejidad y riqueza de sus predecesores. Pero qué equivocado estaba. El grupo hizo que me tragara tales blasfemias, al mostrar las posibilidades expresivas que su interpretación en vivo ofrecía: cadencia, sensualidad, elegancia, minimalismo, energía, feeling. Para destacarse, la ejecución de Nude, resultó estremecedora (aun cuando sigo prefiriendo la versión original, empero), precisa, justa. Qué decir de la mencionada 15 Step, de ritmo y beat inigualable. No menos complacido terminé con las rockanrolerísimas Jigsaw Falling Into Place y Bodysnatchers, en las que el grupo mostró que conserva aún la energía que alguna vez lo llevó a crear piezas clave de su discografía como Just, My Iron Lung o Anyone Can Play Guitar.
I don't know what it is I've done wrong.


You do it to your self, you do, and that's what really hurts. You and no one else.



Everything in its right place cerró el show. Otra ejecución memorable. El grupo se despide. Hacen reverencias. La gente y yo no creemos lo que acabamos de ver; no creemos que lo acabamos de ver. Vuelve la sensación de vacío. Otra vez la vida. Tal vez no la misma vida. El concierto cumplió y casi me satisfizo. Habría sido magnífico, un sueño, que tocaran otros temas que se quedaron guardados. El primero de ellos, que seguramente es mi preferido, es Subterranean Homesick Alien. Pieza hermosísima incluida en el magnífico Ok Computer, que me estremece y emociona como pocas cuando la escucho. Fue una lástima que no se incluyera en el setlist, aunque para ser sincero no esperaba que la tocaran. Otra que también quedó fuera y se extrañó fue A wolf at the door, del disco Hail to the thief. Ya no digamos Electioneering o la preciosísima y desesperanzadora Let down, también del mejor disco de la década de los noventa. Otra que me habría encantado escuchar es Exit music (for a film), que por el contrario sí se tocó, si bien comentan que accidentadamente, en el concierto del día 16. Ni hablar.
And now, we are one, in everlasting peace. We hope that you choke.
Eso fue Radiohead: el primer mundo, la genialidad, la elegancia, lo máximo, grandes entre los grandes. Es sólo rock and roll, pero a algunos todavía nos gusta. Sólo rock n' roll ¿poca cosa?
Lo demás
Al margen de la impecable actuación de Radiohead, no faltaron las falencias típicas de los eventos promovidos por esa entidad monopolizadora que se llama OCESA. Pésima organización: desde el acceso a Foro Sol, hasta el sobre cupo de las localidades en las áreas generales. Se dejó entrar a la gente dos horas antes de que empezara el acto de los teloneros Kraftwerk, así que ésta desde ese momento ya se encontraba, en dichas áreas, bien aperrada y sin poderse sentar, cuando por el contrario antes de que se le diera acceso al Foro podía cómodamente hacer cola sentada. En esas dos horas se vendió cerveza y agua al por mayor, a los precios desproporcionados a que nos tiene acostumbrados OCESA.
Nula seguridad. No se advertía por ningún lado de las zonas generales la presencia de los cuerpos de seguridad, ahí donde sí sucedían los chingazos. No. Estaban más preocupados por no dejar entrar cámaras, alimentos y bebidas que por la integridad física de los usuarios, aun en áreas como ésas en que había sobrecupo y la gente estaba de pie. Me tocó ver cómo en el aventadero que se dió con motivo del inicio del performance de Radiohead una chava no aguantó más y se desmayó. Su novio, angustiado, trató de jalarla y arrastrarla para sacarla de ese turba enardecida y cegada por una estupidez disfrazada de fanatismo. Una desgracia habría ocurrido si la joven hubiera caído al piso. No la cuenta. Y la seguridad, ni sus luces.
Algo que tampoco me gustó fue que de entrada se fijara una zona general para estar de pie, pegada al escenario. Me parecía mejor haber puesto sillas o gradas en tal lugar para difrutar cómodamente sentados el concierto: música y actuación. Así todos habrían podido ver y nadie habría comenzado a empujar. Parece que los de OCESA ignoran, o de plano les vale, el valemadrismo y gandallismo innato del mexicano, y su versión potencializada en las personas de los chilangos, raza maldita. Si los organizan y los sientan, no habrá ese tipo de problemas. Si los dejan parados y que se acomoden como ellos puedan, necesariamente habrá conflicto, pues todos, fascinerosos, en su profundo egoísmo, empujarán a todos lados sólo por divertirse o por ubicarse mejor, valiéndoles madre a quién chinguen.
Quién sabe, ahora que lo pienso, tal vez las sillas no serían la solución, pues fieles a su índole ventajosa y chingativa, los asistentes, carentes de toda civilidad y educación, en su mayoría chilangos (raza maldita), serían capaces de pararse en tales objetos con tal de pasarse de listos, o burlar el orden. Ok, ok, en descargo de los chilangos diré que esa actitud se ha visto en otros lugares -incluso aquí en Aguascalientes, hágame el refabrón cavor-, y que no les es esencial en tanto chilangos, sino, tristemente, en tanto mexicanos. Eso sí, me perdonan chilanguitos, pero ustedes sí se pasan de vergas y ese tipo de actitudes nefastas lo llevan a niveles extremos. Al César lo que es del César, y a Dios, que te vaya bien.
Finalmente es responsabilidad de los organizadores cuidar de ese tipo de detalles. Pero como a éstos les viene valiendo pito, pues qué se puede esperar. Ellos con vender -y revender- sus boletos carísimos (aunque para Radiohead no lo fueron tanto) se dan por bien servidos. Que los pendejos de sus usuarios se hagan bolas y que se rasquen como puedan. Así se cuecen las habas en este marginado tercer mundo. Vaya contraste entre la actuación impecable y profesional del grupo de Oxford y la organización pobre y tercermundista de OCESA.
Otra circunstancia que menguó el disfrute que pudo tenerse del evento fue la predominante actitud avorazamiento, valemadrismo, gandallismo y falta de civilidad de los asistentes, en su mayoría chilangos. Desde el pendejo que insistía en bailar con las canciones de Radiohead aun con el apretadero que había, hasta el pinche menso que levantaba los brazos al ritmo de la música, pero con los pasos de "La Ventanita", de ese grupazo que fue Garibaldi. Ah, sí, claro, y toda la bola de culeros cantando; cantando todo. No mamen, ¿van a escuchar a Radiohead o a cantar ellos? O sea, ¿para qué chingados cantan? Ah, pero no, ellos van a echar su desmadrito, y jódanse los demás (jódame yo). No asisten para escuchar la música, la grandiosa voz de Thom York, sino para echar desmadre. Realmente le fastidian la diversión a quien, como yo, sí va a escuchar y a presenciar la interpretación y ejecución de la banda. Ciertamente uno se emociona, e incluso eso llega a justificar algunos coros de ciertas canciones, va, ¿pero todas y todo el pinche rato?
Una actuación memorable, un performance inigualable y sublime, dirigido a una numerosa e infame chusma. Margaritas para los cerdos. En general, este público mexicano, el chilango en particular, no merece shows de primer mundo si no sabe comportarse civilizadamente. La próxima vez que vea tocar a Radiohead, preferiría que no fuera en este país; seguramente se disfrutaría más. En fin, aquí nos tocó vivir.
domingo, 15 de febrero de 2009
El blog so far (o escribir por escribir)

viernes, 5 de diciembre de 2008
Los Años Maravillosos
Llámese, pues, como se quiera. El caso es que hoy, a casi un mes de mi último post (que no contiene un texto mío), aun teniendo muchas cosas sobre las cuales escribir, nada me impelía de manera determinante a hacerlo. Pero las circunstancias son impredecibles y el mundo pequeño, tanto que hicieron que me encontrara con una pregunta sin respuesta, una historia sin final, una realidad sin explicación, un conflicto sin resolver: Laura.
A algunos amigos cercanos les anticipé la idea de la creación de una sección o serie dentro de este blog, a la que llamaría "Los Años Maravillosos", en honor a la serie televisiva estadounidense The Wonder Years, y donde narraría acontecimientos de mi adolescencia y niñez, con especial énfasis en la experiencia que significó para mí la etapa de la secundaria. Así, para empezar, sería yo una especie de Kevin Arnold de petatiux, y durante la serie se irían revelando los distintos personajes que me acompañaron en esas vivencias y su posible equivalencia con los del aclamado programa de televisión.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Don Eusebio Ruvalcaba

Aquí se presenta un texto del maestro Eusebio Ruvalcaba. Es una de sus intervenciones en la ya mítica revista de La Mosca en la Pared, y una pequeña muestra de las capacidades narrativas de este gran escritor. En posts futuros hablaré más ampliamente de la obra del insigne literato, que de cierta manera ha influenciado la forma en que veo la literatura, y sobre todo la vida. Ésta fue su intervención el el número 29, año 1999, en la hoy frustrada revista, cuando su columna todavía se llamaba "¿O no?"
Calzones de mujer
Hace poco -¿minutos, semanas, meses?, cómo saberlo el puto tiempo siempre ha sido algo tan inexplicable- veía yo en la televisión las declaraciones de un joven roquero de un grupo chileno radicado en México, a quien una de sus fans le arrojó los calzones, él los olió, le dio asco que fueran usados y los echó a la basura. Guácala, habrá dicho.
Cómo me saca de onda esta actitud fresa. No sé de qué está hecho ese joven músico, si por sus venas circule sangre o atole; o no sé si sea él o el momento que estamos viviendo de absoluta abstención. Que curioso, en ninguna época se había cultivado tanto el cuerpo como ahora, y hoy es de mal gusto admirar a un mujer en sus partes más íntimas. Porque no creo que este joven ande muy alejado de lo que hace una gran mayoría de jóvenes de su edad. Todavía hace algunos años, los jóvenes acostumbraban coleccionar pantaletas y brasieres como trofeos de una noche apocalíptica –hoy a eso se le llama fetichismo-; apenas ayer estos mismos jóvenes solían espirar a las mujeres cuado de subían o bajaban de un auto, o bien cuando se sentaban o subían la escalera –hoy eso se llama voyeurismo-, y hace apenas dos o tres meses, tales jóvenes les arrancaban la ropa a las mujeres cuando el deseo les desborda –hoy eso lo califican como violación.
Tampoco sé exactamente en qué medida esto aleja o acerca a un hombre a la esencia de la vida, pero yo me atrevería a decir que el hombre necesita estar cerca del riesgo, de imprimirle pasión a las cosas. Algo, en sus cavernas más profundas, conserva el varón de agreste e incivilizado, y yo creo que vale la pena luchar por eso. Hacerse un poco afuera de la bacinica. A eso se le llama pasión, y la pasión es jugársela un poco. No tanto, pero tampoco tan poco. Bueno, esos cuerpos asexuados que no ve caminando por la calle o deteniéndose delante de las vitrinas en un Perisur o una Plaza Cuicuilco, consideran una aventura comerse unos tacos de suadero o un refresco que no sea light. Todo es ascéptico, como si temiéramos contaminarnos hasta de ver. En serio, es de dar risa cómo la mujer a dejado de atraer a los hombres jóvenes. No se vuelven a mirarla. Pasa casi semidesnuda delante de un grupito y ninguno se le queda viendo con aquella mirada de cachondería que distinguía a los ojos viriles de hace unos cuantos años.
Seguramente tienen razón. La educación sexual ha terminado por desprender de todo misterio no sólo a la mujer sino al sexo mismo –qué hueva espiar a tu hermana mientras se desnuda. Ya no son temas que inciten a nadie a meterse al baño a masturbarse, a asomarse por debajo de la mesa y ver lo que hay que ver. Hoy día, la mujer de senos grandes se avergüenza de sus tetas, y, si no está bronceada, si no toma su dosis diaria de bicicleta o su carrerita por las mañanas, entonces, piensa, no tiene nada que enseñar, es como un cero a la izquierda. Que nada más por sus tetas, por sus piernas, por su olor, una mujer traiga a un hombre por la calle de la amargura, ha pasado definitivamente a la historia. Un hombre que le telefonee borracho a la mujer que le gusta, que la asedie, que le envíe flores o le escriba poemas -aunque sea los fusile de Sabines- es considerado un indeseable. Un patán sin educación. Siempre será mejor aceptado un tipo previsible, de brillante futuro, de celular o bíper para que su mamá o su mujer lo localice de inmediato. ¿O no?
lunes, 3 de noviembre de 2008
No se olvida ...la necedad*

Año con año, desde hace una década, recuerdo que se conmemora uno de los sucesos más infames e ignominiosos de la reciente historia de México. La primera vez que me enteré de ese hecho histórico, punto de inflexión en el devenir de la vida en nuestro país, tenía alrededor de 15 años de edad. Nunca antes había sabido nada al respecto, en parte por mi corta edad y el poco interés que mostraba hacia las cosas públicas, y también, el sigilo con el que durante tres décadas se trató el tema. Recuerdo que cuando se reveló a mi reducido entendimiento los cruentos acontecimientos, sentí una profunda sacudida y simpaticé de inmediato, como el rebelde adolescente que era, con la heróica causa -que paradógicamente ignoraba casi por completo- que defendieron los integrantes del movimiento estudiantil del '68, y pretendí identificarme plenamente con su ideología. En fases de la vida como ésa, en que uno busca su propia identidad, y con ello la pertenencia a un determinado grupo, fue decisivo el descubrimiento de un hecho de tal importancia (la cual, en ese momento no pude dimensionar). Pero nada más pasado el mes de octubre, que es el que se habla en los medios de comunicación sobre el tópico, terminó mi inquietud, solo para volverse a recuperar en los mismos periodos de los años siguientes.
Hace exactamente un mes se cumplió 40 años de la matanza de Tlatelolco, ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas, en el Distrito Federal, el 2 de octubre del año 1968. Pasaron diez años desde que tuve un primer acercamiento a los hechos. Aun cuando hace relativamente poco tiempo me propuse indagar cuáles habían sido las causas del movimiento y cómo se había desarrollado propiamente la masacre, siempre me causó indgnación, pues representó la más violenta y desproporcionada de las represiones de que se haya tenido noticia en mucho tiempo en México. Era algo así como los malos contra los buenos, con una aplastante victoria de los primeros. Seguramente era una percepción maniquea del problema, mas era la única que podía concebir en esos entonces, hace diez años. Hace diez años, a la edad de 15.
En mis años como estudiante de licenciatura, cuando cursé la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, era común que los día 2 de octubre se armaran, cómo decirlo, manifestaciones de diversa naturaleza, supuestamente -ése era el pretexto- para conmemorar el movimiento y honrar a sus mártires y héroes. Así, había desde tocadas aisladas, hasta reuniones en que se leía algunas de las proclamas del Consejo Nacional de Huelga, fragmentos de textos relacionados con la matanza, aderezadas con la interpretación desde el ronco pecho de algunos de los participantes de las más cursis canciones de protesta. También había (seudo) poesía alusiva a los sangrientos sucesos. No faltaban, tampoco, las velas, mantas y demás ornamento como escenario del indignante ejercicio. Ah, y claro, lo llevaban a cabo en la noche, para que quedara, según sus propias palabras, más chido.
Siendo los estudiantes que se supone más profundos e intensos, con mayor compromiso con las causas sociales y bla, bla, bla, son los que llevan a cabo numeritos de esa calaña, que llevan implícito el desconocimiento histórico que en un estudiante de administración, de relaciones industriales o de contaduría, sería comprensible, pero que en un educando adscrito a las ciencias sociales resulta inadmisible.
Durante mi estancia en la universidad, pude ver que año con año se llevaba a práctica la misma necedad, así que presumo, con base en el experiencia y en mi pesimismo casi metódico, que durante años posteriores, incluso el actual, se ha seguido perpetuando. Ahora que poco o nada me involucro en la vida estudiantil de la U.A.A., me he podido percatar de que el mismo ímpetu por la pose y el mismo oportunismo se ejerce fuera de las aulas. El pasado 2 de octubre de 2008, en la Plaza de la Patria o Plaza de Armas (nunca he sabido a ciencia cierta cuál es realmente su nombre) de esta ciudad de Aguascalientes, había una especie de tocada de unos jóvenes, que entre canción y canción "disertaban" sobre lo tocante al movimiento estudiantil del '68, y que interpretaba una música que dudosamente puede calificarse como rock, pero que pretendía, claro, serlo. Lo que hacía a su actuación alusiva al tema era solo eso, los comentarios entre canción y canción (las cuales, por lo poco que escuché, no tenían mucho que ver con el tema). Y ya, eso era todo. En el fondo, seguramente los ingenuos aspirantes a músicos debieron pensar que había sido un gran homenaje, e incluso por momentos habrán sentídose una parte del movimiento.
Me di cuenta de lo ocurrido en la plaza minutos antes de entrar al Teatro Morelos para presenciar una obra de teatro intitulada "El mañana nunca sabe", a la que un amigo me había invitado, pues se trataba de una puesta en escena de otro conocido de él, en este caso alusiva, también, a la nefanda represión acaecida el 2 de octubre de 1968. No sé en principio por qué fui, ya que esperaba lo peor: un ejercicio similar al que he condenado en párrafos que preceden. Pensé mal y acerté. La obra narraba la historia de dos hermanos que vivían en un departamento del edificio Chihuahua, adyacente a la Plaza de las Tres Culturas, un hombre y una mujer, al parecer mellizos, el primero de los cuales había sido herido durante el altercado. Solo estaban esos dos personajes, esperando que aparecieran sus padres, que habían salido no recuerdo a dónde. Y con esa premisa, la trama se desarrolla con una discución entre los dichos protagonistas, en la que el hermano defendía al movimiento estudiantil y la mozuela lo condenaba, o al menos lo sometía a las más "racionales" críticas; mientras tanto, se supone que afuera, en la plaza, se desenvuelve la abyecta represión.
Así, discutieron y discutieron, hasta que al final diéronse cuenta (o aceptaron) que toda la vida habían estado enamorados uno del otro, y terminaron entregándose a sus primitivos impulsos eróticos, para consumar el que tal vez sea el más gratuito e injustificado de los incestos que han sido dramatizados jamás en una obra de teatro (¿?). Así nada más, de buenas a primeras. El joven, después de la ardua jornada y con motivo de la herida que habían inflingido en la plaza, amaneció muerto, seguramente sin presentar después el signo tanatológico de la eyaculación post mortem, pues, como se dijo, horas antes había derramado su sediciosa simiente en las reaccionarias entrañas de su amada. En resumen, la obra fue un ejemplo más de las posibilidades que ofrece el ejercicio de la actividad que aquéllos a quienes agrada usar eufemismos denominan onanismo psicológico.
Según he tratado de establecer, y siendo ése el propósito de este post, desde mi perspectiva las diversas prácticas a las que me he referido resultan por demás indignantes y ofensivas contra lo que realmente representa el movimiento estudiantil del '68 y la matanza del 2 de octubre. Un acontencimiento histórico de la importancia de la masacre estudiantil de Tlatelolco, no puede utilizarse como excusa o pretexto para efectuar actividades tan superficiales, para lucimientos personales, o para ostentarse ante los demás como una persona progresista, profunda, intensa, preocupada del entorno social, pacifista, políticamente correcta. Es una afrenta a la razón y al buen juicio, pero sobre todo, insisto, a los mártires del movimiento, a los héroes caídos y a sus deudos. Todo una movilización social, que en su momento tal vez no era consciente de la magnitud e impacto que tendría en la vida política del futuro del país, pero que seguramente estaba al tanto de la responsabilidad e importancia que implicaba, no se realizó para servir después como motivo de juego y ligerezas por parte de nuestros incultos jóvenes (y no tan jóvenes).
Vergüenza debería darles a esas personas relacionar sus intereses y afanes de protagonismo y pueblerina celebridad con un asunto tan serio y tan importante. Porque finalmente eso es lo que persiguen tales individuos: reconocimiento, fama, relaciones públicas, y a final de cuentas les importa poco el medio del cual se habrán de servir para lograr esos propósitos. No sé cómo recibirían los verdaderos mártires del movimiento, los que realmente lucharon en él, las actitudes a las que me he referido en este texto, pero me inclino a creer que seguramente las reprobarían, o ya, de plano, se reirían de ellas.
Precisamente por no caer en el mismo vicio que estoy criticando, de aprovecharme de la curiosidad que despiertan los acontecimientos del 2 de octubre del 68 en el mes en que se conmemoran, escribo este texto un mes después, si bien la inquietud de expresar la tesis que sostiene la tengo desde hace algún tiempo.
*Originalmente publicado en el blog El Canto del Zenzontle, Ave de las 400 Voces (http://www.cantodelzenzontle.blogspot.com/), el día 2 de noviembre de 2008.