viernes, 1 de mayo de 2009

Ése soy yo (o exhibicionismo barato)


En días recientes alcancé la edad de 26 años. Épocas como ésta me mueven indefectiblemente a la reflexión, -o, al menos, al malviaje y a la pachequez. Me vienen a la mente mil cosas, y no puedo evitar recordar diversos episodios de mi vida, algunos de ellos trascendentes, otros difíciles, unos más tristes, así como muchos alegres y felices, inolvidables. Se supondría que la suma de todos esos momentos hacen lo que soy al día de hoy (qué chinga me acomodaron, la verdad), y también permiten proyectar qué será de mí en algunos años. He visto, pues, la necesidad de hablar el día de hoy de mí en este blog, si bien de lo que he escrito a lo largo de estos meses puede conocérseme aparentemente en una buena medida (el pez por su boca muere). Sin ningún tipo de rigor, ni mucho menos pudor, y al ahí se va, me propongo revelar algunos datos de mi persona-que seguramente a nadie interesan- y/o preocupaciones que me aquejan al día de hoy: quién es Ángel en este momento y cómo ha llegado a ser lo que es, partiendo de lo que ha sido pretéritamente.


Ángel siempre se creyó más inteligente que los demás. No es precisamente alguien brillante ni mucho menos, pero todavía al día de hoy no concibe que alguna persona sea más inteligente que él. Los habrá más cultos, más habilidosos, más agraciados, más simpáticos, más nobles y más divertidos, pero más inteligentes no. No hay personas que, digamos, en su categoría, le superen en inteligencia; es decir, bajo las mismas circunstancias de entorno, preparación y oportunidades, en el rubro de la inteligencia nadie le superaría. Ese ha sido tal vez su mayor delirio en la vida, pues sabe que debe haber personas, pares a él, que lo derroten en este ámbito, pero simplemente no lo acepta, no le entra en la cabeza. Él es el que cabila chido, el non plus ultra del razonamiento. La única superioridad que admite en este rubro es la de personas que no se ubican en circunstancias similares a la suya: científicos famosos, filósofos o grandes escritores. Aún así, el muy pendejo cree, ingenuamente, que en igualdad de circunstancias, podría vencerles.


¿Cuál es la explicación de tal megalomanía? No lo sabe. A lo mejor su corto entendimiento es lo mejor que cree tener, y por eso lo maximiza y distorsiona para cubrir o disfrazar otras falencias que hay en su persona. Con todo, la verdad sea dicha, enarbolando la bandera del pragmatismo y siguiendo los convencionalismos sociales que más le acomodan, busca ser reservado y modesto, hasta humilde. En su actuar consciente se conduce como una persona mesurada y prudente, pero nada más es cosa de que le den cuerda, y le hagan dos que tres cosquillitas, y sale a relucir su verdadero rostro, el del sabelotodo, el del que siempre quiere tener la razón.


Empero, en su descargo hay que decir que siempre que encara una discusión o debate, lo hace con la mejor disposición de que, si recibe el argumento adecuado, pueda cambiarse su opinión. Además, gusta de transmitir el poco conocimiento que pueda tener y trata de no imponerse (si bien en el fondo está seguro del error del interlocutor). Digamos que hasta cierto punto es consciente de su situación y trata de atenuarla, y busca en la medida de lo posible alejarse de ella en tanto es conveniente. Es un impulso involuntario en él, casi un instinto, pero día a día trata de dominarlo y, hay que decirlo también, a estas alturas de su vida ha logrado tenerlo bajo control, si bien de vez en cuando surje y lo vuelve a embriagar hasta la ofuscación.


Ángel es auditivo. En el esquema de la programación neurolingüistica, según el cual las personas perciben el mundo predominantemente en alguna de estas formas: visual, kinestésica y auditiva, este indiviuo sería una persona auditiva. Siendo así, le atrae el lenguaje y lo relacionado con el mismo. Los idiomas le fascinan. Sobra decir que es un melómano y que gusta de la lectura -aunque hace meses no lee un libro. Cualquier ruido puede distraerlo, incluso sacarlo de quicio. Ha llegado a odiar personas tan solo por su todo de voz o su forma de hablar. Odia los doblajes en general, aunque venera y reconoce a las contadas excepciones de buenos doblajes que existen. Ha dejado de ver caricaturas que otrora le encantaban, por el simple hecho del cambio de voz en el doblaje (Los Simpsons, Padre de Familia, American Dad, algunos episodios de South Park). Es muy quisquilloso, entre otras cosas, en eso de las cuestiones sonoras.


Disfruta de una buena cerveza y una buena charla con un amigo. Disfruta mucho más las pedas. Le gusta beber y embriagarse. Sí toma seguido, pero en realidad sólo algunas veces sí se ha puesto realmente como araña pisada. Tal vez el alcohol saca lo mejor de él como persona: lo hace noble, simpático, afable, cooperador, bailador, incluso le da claridad mental para elucubrar las más interesantes reflexiones (mismas que nunca recuerda al día siguiente y que mueren en el anonimato). Se vuelve gallardo y emprendedor. Brioso. Tal vez sus mayores proezas sexuales han ocurrido bajo el influjo del alcohol.


Constantemente se recrimina con dureza por no ser más de lo que es. Se reprocha su falta de disciplina y su desorganización. Sobre todo no se perdona su desidia y esa inexplicable capacidad que tiene de perder el tiempo. Tal vez se exige demasiado, dirán algunos. Él no lo cree así. Él está convencido de que puede lograr más, pero que el mayor obstáculo para hacerlo siempre ha sido él mismo. Estos reproches son aun más recurrentes a estas alturas de su vida, donde ha llegado a un punto de indefinición e incertidumbre en algunos de los aspectos de ésta: ¿Fue esto lo que siempre quiso hacer? ¿El trabajo terminará por devorarle? ¿La enajenación se apoderará de él? ¿Desaparecieron los sueños y aspiraciones de hacer algo realmente significativo en la vida? ¿Llegará el día del colapso, en que lo invada irremediablemente la idea de haber seguido durante su vida el rumbo equivocado? Si a estas alturas sigue sin superar sus más grandes temores y traumas, ¿algún día lo logrará? ¿Terminará siendo un viejo amargado y aburrido? ¿Es, en definitiva, quien creyó que sería cuando tuviera esta edad? ¿Está donde pensó y quiso estar?


Por fin, ¿tendrá algún día los huevos de mandarlo todo al carajo y empezar de nuevo y enderezar su vida?


Ángel es, también, profundamente egoísta. No le importan los demás; o bien, sólo le importan en tanto pueden redundarle en un beneficio. No es así porque quiera ser culero, simplemente es su inclinación natural. Le cuesta mucho trabajo mostrar empatía, pero realmente lo intenta. También, como en el caso de su delirio de grandeza, lucha constantemente por tratar de preocuparse por los demás, especialmente por las personas cercanas a él. Este tendencia la lleva a la práctica con mayor efectividad en su desempeño profesional como abogado, pero ello se debe a que la misma profesión se lo exige. Y qué bien, pues en ese aspecto le ha ayudado a ser mejor. Ángel siente una gran gratitud hacia la abogacía porque le ha permitido desarrollar habilidades que naturalmente no se le dan.


Ángel tiene aún la capacidad de ser conmovido por ciertas canciones. No dirá cuáles. Alguna de ellas seguramente lo hará romper en llanto, y por ello la evita a toda costa. Esas melodías, las que realmente le llegan, tienen que ver con ciertos momentos de su vida, y sobre todo con su familia y consigo mismo. Muy probablemente, en algunos años, pasará horas encerrado, solo y ebrio, torturándose con el sonido desgarrador de estas canciones, recordando la vida que se le fue de las manos. No quiere pensar en ello, pero no lo descarta como una posibilidad factible.


Le gusta reír y hacer reír. Y más que reír, burlarse: disfruta enormemente la burla malvada y culera, el sarcasmo y la ironía. Eso siempre lo ha caracterizado y le ha hecho ganar tanto simpatizantes como detractores. No le importa. Él goza, y al parecer fue la única forma de humor que se le ha dado. Admira a los que son simpáticos de manera natural y no tienen que andar escarnizando al prójimo de la manera más ruin posible. Busca, incluso, aprehender de ellos, en esa prudente tendencia que ha seguido de unos años para acá de apartarse, en la medida de lo conveniente, de sus más primarios impulsos.


Disfruta. También disfruta de la vida y sus mieles. Ha conocido los placeres mundanos que nos son ofrecidos día a día y ello lo hace con el mayor desenfado. Algunas etapas de su vida han recibido algún sentido debido a esta inclinación desmedida por lo placentero. Ésta, en particular, no es la excepción, y en ella parece que Ángel se ha abandonado a los más caprichosos designios de su ramplón hedonismo. Qué bueno que lo haga. Que disfrute ahora que puede antes de que la vida le pase factura y que se dé cuenta del precio que habrá de pagar. No le importa. Al final, sin un dios en quién creer, sin una vida en el más allá en la cual estar esperanzado, lo peor que puede hacer en este mundo es tener contemplaciones de ningún tipo y, mucho menos, mucho menos, privarse de los dulces placeres (los más dulces son los prohibidos) que brinda la vida.


Y finalmente vive. A pesar de todo vive y quiere mirar adelante. Pese a días como éste, en que todo se vuelve una confusión, se rehace y vuelve a encarar la vida con cinismo, convencido de que sea ésta tal vez la única manera posible de hacerlo.

Otras veces, la mayoría, no vive; sólo mata el tiempo.

domingo, 12 de abril de 2009

Junkhead


La ciudad de Seattle, Washington, fue el escenario. Por aquel entonces, siendo el año de 1987, en una fiesta cualquiera, tenía lugar un encuentro que marcaría la historia del rock. Ni sus protagonistas lo sabían. Layne Staley se desempeñaba como baterista y mostraba inquietudes por el canto. Jerry Cantrell, por su lado, hacía ya desde entonces lo que mejor sabe hacer: tocar la guitarra. Alguien los presentó. Platicaron; se entendieron bastante bien, pues compartían gustos musicales. Tal vez fue el el calor de la peda, o la influencia de alguna otra sustancia en sus organismos, pero en ese momento dijeron: "Hey, ps hay que hacer un pinche grupo, ¿no?".


Lo hicieron. Después de reclutar a otros músicos, formaron Alice In Chains. Viene el EP We die young. El primer disco, Facelift, se edita. Un disco denso y pesado, con letras oscuras. Es 1990 y la banda comienza a ganar notoriedad. Otro EP, Sap, se lanza en el año de 1992. Es el preámbulo para el lanzamiento de la obra maestra del grupo: el sublime Dirt.


Llega la fama internacional. El disco muestra la plenitud creativa que alcanzó el grupo en aquellos años de la fiebre efervescente del llamado grunge. El grupo no debía nada a Nirvana ni a Pearl Jam, mucho menos a Soundgarden. Estos güeyes se cocían aparte. Layne Staley se consagra como gran figura, debido a su peculiar y potente voz, y su desgarradora forma de cantar. Además, la temática es heroinómana por excelencia: depresiones, pasones, la ideología del junkie, la adoración y apología de la droga. La inclusión de estos tópicos era más que justificada, pues bien sabido era que los miembros del grupo se arponeaban gacho y le ponían duro a la heroína. El más clavado era Staley. Siempre lo fue. El disco los catapulta y los coloca como uno de los grupos insignes del movimiento grunge, que se generó en la ciudad de Seattle, Washington, a finales de los años 80's del siglo pasado. Giras, mujeres, lo bello de la vida: sexo, drogas y rock n' roll.


Se edita el Jar of flies en el año de 1994. Magnífico disco, un tanto más calmado y acústico. Layne Staley, junto con músicos de Pearl Jam y Screeming Trees, forma el proyecto Mad Season. Un disco, Above. Tecere LP, llamado simplemente Alice In Chains. Año de 1995. No hay giras, pues Stanley sigue sumido en la adicción a la heroína y en sus recurrentes depresiones. Alice In Chains regresa a escena, para ejecutar un legendario Unplugged, para MTV, en los tiempos en que la dicha cadena de videos organizaba buenos acústicos, no como hoy, que lo hace con figurines como Shakira, Ricky Martin, Diego Torres y Maná (aagggrrrhhh). Show magnífico; mágico, que sin embargo dejó ver a un mermadísimo Layne Staley, todo ñango, desaliñado, con la voz disminuida y apenas abriendo los ojos. Con todo, lo que son las cosas, ese semblante le dio un matiz depresivo a la actuación que abonó considerablemente a su carácter místico. Antes, Staley parecía más bien un malandro que cantaba como los más endemoniados condenados; ahora lucía frágil y endeble, más al estilo Kurt Cobain.


Meses más tarde, sirviendo Alice In Chains como telonero de KISS, (sí, no mamar), en ese mismo año, Layne Staley cantó por última vez con el grupo en un concierto en vivo. Vinieron años de inactividad, hasta que en 1998 fueron grabados dos temas: Get Born Again y Died. Otro receso. Staley ya no daba para más: estaba perdido en una espiral descendente de depresión y drogas. Su novia había fallecido en 1996 y nunca se llegó a reponer de esa pérdida. Heroína, más heroína. En esos periodos, quien era el guitarrista y -hay que decirlo- cererbro del grupo, Jerry Cantrell, grabó dos discos como solista. Mientras, se edita un disco de éxitos del grupo y otro de temas en vivo.


Staley permanecía esquivo, encerrándose cada vez más en su nebulosidad personal. Su brazos estaban cansados de tanto ser pinchados, pero su sangre de caballo le exigía el sosiego que sólo la heroína podía brindarle. Tranquilidad breve. Su vida se tornó en la de un junkie cualquiera, como el retratado en sus letras. La realidad de la condición que una vez alabó en canciones tan magníficas como Junkhead, terminó por devorarle y pasarle factura. Formaba parte de uno de los grupos más respetados de la escena alternativa mundial, pero eso no lo ayudó a dejar el estilo de vida que a la postre lo llevó a su triste final. Se vio acorralado, empero, en un aislamiento desconsolador en el que las drogas eran sú única opción.


El día 19 de abril de 2002, se econtró a Layne Thomas Staley en su casa de Seattle, muerto. Su cadáver había entrado en etapa de putrefacción cuando se le localizó. Tuvo que reconocérsele mediante su dentadura. La necropsia reveló que llevaba dos semanas de fallecido y que la causa del deceso había sido una sobredosis con speedball, que es una combinación de cocaína y heroína. Habría muerto, pues, el día 5 de abril de ese año. ¿Les suena la fecha? A sus 34 años dejó este mundo. Murió solo, siendo una estrella de rock atormentada y mártir. Tal vez alguien pudo hacer más por él y evitar el trágico desenlace. Tal vez a nadie le importó. Sí, Layne, we die young.


Partió una de las grandes voces de la historia del rock, y sin duda la más cabrona de todas las de los grupos del so called movimiento grunge. El corazón y el alma de Alice In Chains decía adios sin despedirse, sin nadie que se enterara y estuviera ahí para tratar de impedirlo.


Empero, sin alma ni corazón, Alice In Chains sigue. Después de que lo más lógico era anunciar la disolución del grupo, no hubo tal pronunciamiento. Muy por el contrario, el grupo se reunió para tocar en dos ocasiones en los años de 2005 y 2006, con vocalistas variados, incluso otro grandísimo cantante como es Meynard James Keenan, de Tool. Aun así, todo parecía que eran reencuentros ex professo, y que el grupo como proyecto o como entidad viviente ya no existía, por la insubsanable pérdida de Staley. Pero no. No. Cantrell ya anunció que para este año 2009 se estará lanzando el nuevo disco del grupo. Pero eso no es lo peor, sino que se reclutó a un pelagatos cualquiera, sin nombre, para "cubrir" a Layne. Imperdonable, pues además de que ese hueco será imposible de llenar, no es una persona que está a la altura para al menos ocupar el puesto de vocalista. El lugar de vocalista de Alice In Chains tendría que ser, en su caso, cubierto por algún cantante consagrado, como fue lo que sucedió con los miembros de Rage Against The Machine, que incorporaron a sus filas nada más y nada menos que a Chris Cornell, ex frontman de Soundgarden para formar Audioslave.


Como buen fan que soy, la situación me resulta indignante. Habrá que ver cómo se desempeña el monigote ése, si bien, insisto, nunca se le debió dar cabida en el grupo. Una salida decente, ante la falta de Layne Staley, habría sido que el mismo Jerri Cantrell tomara la voz del grupo, ya que también canta. Ok, poniéndome laxo, debo aceptar que el grupo sin Staley podía (aunque no debía) subsistir; mas el grupo sin Cantrell sí resultaba impensable, pues él era el principal compositor de letra y música. Y siendo así, no veo la necesidad de tratar de sustituir a Staley con alguien externo. El indicado, en todo caso, debió ser Jerry Cantrell, el cerebro del grupo, según se dijo.


Darán mil excusas. Dirán que incluso así lo habría querido el propio Layne Staley, pero en el fondo saben la afrenta que le causan a su memoria y a sus fans. Era el luto que se le debía a un gran artista que no supo lidiar con la vida y con la fama. He querido recordarle en este texto y destacar su importancia. Mis palabras no le hacen justicia, pues sólo su obra habla de él como nadie puede hacerlo. Quienes lo hayan escuchado, me darán la razón; quienes no, sería un buen momento para que comenzaran a conocer a este insigne artista, un verdadero rockstar que llevó todas las implicaciones de su condición a las últimas consecuencias.

domingo, 5 de abril de 2009

In Memoriam



La fecha oficial en que se estima falleció Kurt Donald Cobain fue el 5 de abril de 1994. Eso sería exactamente hace quince años. La mañana del día 8 del mismo mes y año, su cuerpo sin vida fue hallado por un electricista que iba a realizar algunas instalaciones en la casa del intérprete. Yacía en el invernadero del inmueble. Un charco de sangre provenía de su oído izquierdo. Una escopeta tirada a un costado. Jeringa y demás parafernalia inherente al consumo de heroína. ¿Nota suicida?


El mundo estaba consternado y nadie quería creerlo. Se recordó el día en que se supo de la muerte de John Lenon. Caía una víctima más del show business. Se volvió un lugar común entre la generación de jóvenes fans del cantante preguntarse: ¿Dónde estabas cuando supiste de la muerte de Kurt Cobain?, así como en su momento se cuestionó en iguales términos respecto al deceso de John F. Kennedy. Nirvana, el grupo de rock más importante del momento, quedaba descabezado sin haber alzanzado su plenitud musical. Eso era todo. Se rompió una jerga, y todos se tuvieron que ir a la...


Nació el mito de Kurt Cobain. Esto sucede cuando apenas alcanzo la edad de 10 años y curso el quinto año de primaria. Creo recordar que en alguno de esos días mis compañeros de escuela comentaron el funesto suceso. No presté atención, pues en primer lugar en aquel entonces no conocía nada de música en general, ni de rock en particular, mucho menos de la obra del malogrado músico y el grupo que junto con él redimió a una marchita y lastimera escena musical mundial: Nirvana. Mis compañeros, algunos de los cuales tenían hermanos mayores que los iniciaron en tales menesteres, conocían ya la obra de dicho grupo y ya se consideraban fans del mismo. El evento me pasó de noche.


Quién diría que un par de años después, sobreviviendo el segundo año de secundaria, descubrí al grupo y a Kurt Cabain. Un entonces amigo, Humberto, me prestó dos cassettes: el Nevermind y el Incesticide; el primero grabado y el segundo original. Me dijo que los escuchara, pero que el chido, el chido, era el grabado. En efecto, el disco que más me entró fue Nevermind. Así conocí a Nirvana.


Algunos años después, llegaría incluso a renegar del Nevermind, y reconocer la superioridad y valor del grandioso Incesticide, pero eso es otro cuento. La música del grupo era lo más chingón que había escuchado hasta entonces y me volví su más devoto seguidor. Sobra decir que la figura de Kurt Cobain siempre destacó del resto de los integrantes de Nirvana, en principio por su desmesurado talento e increíble genialidad, y después, lógicamente, por la tragedia que lo rodeaba: una muerte inexplicable, que aún hoy día sigue discutiéndose si la produjo un suicidio o un abyecto asesinato.


Idolatré al grupo, pero principalmente a Cobain. Él era el chido, el genial, el creativo, el artístico, el mártir. Su forma de tocar la guitarra, de enloquecer en los toquines y desmadrar todo al terminar. La música era sencilla, pero potente y efectiva. Quienes dicen haberlo conocido, hablan de una persona fuera de lo común, con una sensibilidad artística muy peculiar. Fallece, desde mi perspectiva, sin haber alcanzado su plenitud creativa y musical. Apenas nos regaló tres discos de estudio; lo demás son recopilaciones.


¿Qué seria hoy de Kurt Cobain, si siguiera viviendo? Por lo que se dice, Nirvana andaba en las últimas. El grupo estaba por desintegrarse. Fuentes cercanas afirman que el guitarrisata cocinaba un proyecto musical con el cantante de R.E.M, Michael Stipe, quien fue una de las personas más cercanas a él en los meses cercanos a su triste final. Tal vez una carrera solista conservada hasta estos días; un sano divorcio con la piruja de Courtney Love. Los demás miembros del grupo, Dave Grhol y Krist Novoselic, en sus respectivos asuntos, seguramente sin corresponder a los que actualmente los ocupan (Foo Fighters y cagar aguado, respectivamente). Tal vez un reencuentro por estos años. Una gira mundial. Una legendaria segunda visita a México, como la que nos acaba de regalar Radiohead. Cobain consolidado como el músico más respetado e influyente de la escena rockera mundial. Unos años más tarde, el Salón de la Fama del Rock and Roll. Tal vez, habiendo subido de categoría, ahora saldría con top models y no con pellejos como los de su viuda. Tal vez habría asistido a los grammy's. Quizá hasta lo habríamos visto en los puñetos premios MTV de Latinoamérica.


A lo mejor habría actuado. Posiblemente habría dedicado más tiempo a la expresión plástica, que se le daba con bastante facilidad. Seguramente nos estaría ofreciendo música chingoncísima. Habría protagonizado escándalos. Habría destruido otros tantos cientos de guitarras, todas Fender. Courtney Love habría vuelto a talonear a los tugurios de Alaska, a desnudarse para los esquimales hediondos a foca y a pescado. Estaría gorda y acabada, maldiciendo su vida y añorando los años de bonanza y notoriedad que le dio su relación con el frontman de Nirvana. Nada de películas ni de glamour. Habría regresado a ser lo que era, lo que más bien siempre fue pero trató de disfrazar.


Kurt Cobain se fue, o se lo llevaron. Nos quedó debiendo su mejor música y muestras mayores de su talento y genialidad. Ciertamente su obra se ubica entre las más importantes de la historia del rock, y es de un valor incalculable; empero, es relativamente breve, considerando el gran potencial artístico que tenía el músico. Partió antes, como Jim Morrison, Janis Joplin, Jimmy Hendrix y Robert Johnson, teniendo la misma edad de estas otras leyendas: 27 años. ¿Quién sería Kurt Cobain estos días? Ésa es la pregunta que surge hoy, cumplidos quince años de su muerte. En otros años me pregunté cuál fue la realidad acerca de su deceso; quién fue el responsable. Maldije y renegué de la vida, medio y personas que lo llevaron, directa o indirectamente a la tumba. Hoy que Nirvana dejó de ser hace mucho tiempo mi grupo favorito, sólo me queda preguntarme qué sería de Kurt Cobain el día de hoy.


Quise hablar de él en este post. Habría podido expresar más cosas, más sensaciones, si esto lo hubiera emprendido unos diez o nueve años atrás. Con todo, sirvan estas palabras sin hilación ni sentido o coherencia como el más sincero homenaje que mi circunstancia actual me permite rendir a la mítica figura de Kurt Cobain, cuya vida y obra tuvo una profunda influencia en mi vida y mi forma de verla.


Te admiro y respeto. Alguna vez te idolatré. Estás entre los grandes y siempre serás recordado. Ahora, quién lo diría, tus palabras vuelven a reflejar mi realidad: Teenage angst has paid of well; now I'm bored and old.

domingo, 22 de marzo de 2009

God loves his children (even the chilango ones), yeah! Radiohed en México

Casi 15 años desde la primera vez. Casi tres lustros transcurridos desde la accidentada primera visita. Más de catorce años desde aquella ocasión en que el grupo se colapsó y vivió un punto de inflexión fundamental en su carrera, cuando en medio de su pequeña gira por México decidieron no desintegrar lo que entonces era una promesa interesante de la música alternativa. Radiohead volvía a México el 13 de marzo de 2009, para tocar los días 15 y 16 de los corrientes, y así iniciar su gira por Latinoamérica.


Ahora regresaba como una de las bandas más respetadas tanto por el sector mainstream, como por la crítica especializada. Esta vez, como la que probablemente sea la más importante agrupación de rock de la última década y parte de la pasada, así como una de las grandes bandas de todos los tiempos, equiparable a lo que en su momento fue Pink Floyd o The Beatles.
La sede de tan importante suceso fue el Foro Sol, en el Distrito Federal, capital de la República Mexicana. Era una cita inobjetablemente obligada para todo aquél que se preciara de ser fan del grupo, incluso para cualquier neófito en su música (desafortunadamente).

Así las cosas, tuve que ir; tenía que ir, mejor dicho. Fui. Estuve ahí, en el primer concierto que dio Radiohead en México después de cerca de 15 años. Desde que mi gusto se inclinó por este grupo hará unos 9 o 10 años, pensé en la remota posibilidad de algún día llegar a verlos tocar en vivo. Era un sueño guajiro, como muchos que entonces tuve, que ahora tengo y que seguramente seguiré teniendo. De pronto, cuando me enteré de que el grupo estaría tocando en tierras mexicanas, esperé con ansias los cuatro meses que pasaron desde que se dio la noticia hasta el día del triunfal, magnífico regreso.

Se llegó el día, y ésta es mi crónica de lo que pasó. Advierto que aunque todo el relajo que implicó ir hasta el D.F. al concierto, hacer cola, andar al pedo, esperar por horas de pie, y en general sufrir a los infames chilangos, da mucho de qué hablar, este post dejará de lado esas cuestiones para centrarse en los aspectos destacables -para bien o para mal- de la experiencia, que son en dos niveles: lo personal/vivencial/ musical y la crítica social, faros rectores de lo que se escribe en este blog. Así que, quien espere que estas líneas escarnicen las actitudes, comportamientos, poses, looks, pobreza cultural, ignorancia, estupidez, insignificancia, pequeñez y las demás cualidades inherentes a la índole chilanga, así como sus diversas manifestaciones, puede prescindir perfectamente de la lectura de este post. La referencia que se haga a ello será en la medida en que su inclusión aporte a la claridad expositiva de la crónica que esbozaré.

Radiohead


Con notable puntualidad comenzó el show. El grupo abridor fue Kraftwerk, a quienes se les conoce por ser los padres del Techno, y quienes tuvieron sus mejores tiempos y logros en la década de los 80's. Mucha gente protestó o al menos se extrañó del grupo invitado fuera ése, cuando en un principio se hablaba de que los teloneros serían los gloriosos Sigur Rós, o los ingleses de Portishead. Lo ideal, lo soñado, habría sido obviamente que los genios islandeces acompañaran a los de Oxford como en otras tantas giras lo han hecho, pero en fin. Habría sido un plus sensacional. Ni modo. Me queda de consuelo ya haber disfrutado de su música en vivo el año pasado en Guadalajara.

Pues bien, el grupo alemán tocó por aproximadamente cincuenta minutos un set que incluía sus mayores éxitos en versiones más cercanas al techo industrial y a los sonidos estridentes y sucios de Nine Inch Nails. Esta actualización realmente fue de agradecerse, pues le dio un nuevo giro a su música y la hizo verdaderamente disfrutable. Empero, la sensación general ante la actuación del cuarteto teutón, fue de "a ver cuándo se bajan estos pinches güeros", pues serían unas leyendas y todo lo que ustedes quieran, gusten y manden, pero a quien iba a ver yo, otros fans, y en su mayoría una inmensa chusma palurda, era a Radiohead. Incluso yo me permití gritarles alguno que otro improperio, en mi muy puñeto alemán frustrado. Todos ansiábamos que ya aparecieran en escena Thom Yorke, Johny Greenwood, Ed O'Brien, Colin Greenwood y Phil Selway, los papás de Oasis, de Blur (Blur sin Graham Coxon, aclaro), y ya no se diga de Travis, los maricones de Coldplay y las jotitas de Keane.

Aproximadamente a las 9:30 de la noche salió la banda. Emergió del lado izquierdo del escenario, encabezada por el neurótico y genial Thom Yorke, de quien muchos han dicho que es el Roger Waters de nuestro tiempo. Toman sus instrumentos. Se posicionan. Seguramente por un momento prestan atención a la gran cantidad de gente que se apostó en el Foro Sol, alrededor de cincuenta mil cabrones, una imagen que infinidad de veces habrán visto en su vida de mega rockstars. Sin inmutarse, comienzan: mi existencia de casi 26 jodidas vueltas al sol ya no es la misma. You used to be alright. What happened?

15 Step abrió el show, como bien lo anticipé. El público enloqueció, brincó y comenzó a empujar en todas direcciones (en el caso de la zona general a, en la que me encontraba), como locos desesperados, más por hacerle al cuento que por otra cosa, según abundaré más adelante. Por fin comenzaba el concierto, y desde que se escuchó la introducción percutiva de la pieza en cuestión, se sabía que sería algo realmente notable. Yorke baila, responde a la euforia del personal, y por fin deja escuchar su voz magnífica, por tantos años se esperó volviera a agitar los aires de este país.


Le sigue Airbag, tema inicial del grandioso disco Ok Computer. En este punto logra verse que la banda viene con la disposición de tocar temas clásicos ya arraigados en el gusto de los más fieles fans. Y así se confirma con la pieza que le sucede: There There. El grupo inmediatamente responde a la euforia (auténtica o forzada) que le ofrecía el público. Se ven complacidos, conscientes de que será una gran noche y de que su regreso marcará las infelices vidas de los presentes.

Como era de esperarse, el setlist del concierto debía incluir necesariamente los temas del álbum a cuya gira promocional pertenecía: In Rainbows. De forma alternada, a lo largo de la noche se fue interpretando uno a uno los tracks del que es el último disco de la banda. En lo particular, álbum de marras me había parecido un tanto menor, alejado de la complejidad y riqueza de sus predecesores. Pero qué equivocado estaba. El grupo hizo que me tragara tales blasfemias, al mostrar las posibilidades expresivas que su interpretación en vivo ofrecía: cadencia, sensualidad, elegancia, minimalismo, energía, feeling. Para destacarse, la ejecución de Nude, resultó estremecedora (aun cuando sigo prefiriendo la versión original, empero), precisa, justa. Qué decir de la mencionada 15 Step, de ritmo y beat inigualable. No menos complacido terminé con las rockanrolerísimas Jigsaw Falling Into Place y Bodysnatchers, en las que el grupo mostró que conserva aún la energía que alguna vez lo llevó a crear piezas clave de su discografía como Just, My Iron Lung o Anyone Can Play Guitar.


I don't know what it is I've done wrong.

Apareció una renovada versión de The Gloaming, la rompemadres National Anthem, las fabulosas Optimistic y Pyramid Song. Se dejó escuchar también la genial y heterodoxa Idioteque, en la que Thom enloqueció mientras bailaba de manera extraña y gesticulaba en todas las formas posibles que su peculiar rostro le permitía. El grupo tocaba una canción tras otra, sin pronunciar innecesarias palabras entre pieza y pieza, evitando así que el personal se enfriara. Iban a lo que iban. Contundencia. Un par de Thank you's se escuchó, no más. Y no podían faltar los clásicos, los que la gente aclamaba, los que forjaron la grandeza histórica de la banda: Fake Plastic Trees, My Iron Lung, la bellísima No surprises, Lucky, Street Spirit, las grandiosas y legendarias Paranoid Android y Just. Nuevamente el grupo se reafirmaba a sí mismo en su magnificencia, en su capacidad, en su soberbia, en su chingonería. Era Radiohead y volvía a serlo; una vez más, cada vez y cada vez más. Parecían intocables, indestructibles, infalibles, perfectos.

You do it to your self, you do, and that's what really hurts. You and no one else.

La actuación del grupo resultó impecable, sencillamente perfecta. Una sonorización precisa, que hacía que cada uno de los instrumentos se escuchara de forma diáfana y limpia, y con una enorme potencia, con una gran claridad. La iluminación y/o juego de luces del escenario también fue estupenda, minimalista, pero grandiosa, consistente en una especie de tubos resplandecientes que colgaban del mismo escenario y despedían los más diversas luces según les sugería la intensidad y cadencia de la música. Algo en verdad notable; parecía como si haces de luz se irguieran alrededor de la banda, atrapándola, delante de una pantalla que transmitía tomas directas del rostro de freak de Yorke o de alguno de los demás miembros del grupo. Esta situación nos muestra el profesionalismo del grupo, que ha faltado en otros artistas internacionales que se han presentado en nuestro país y no falta que salgan a tocar pedísimos o marihuanos y olviden las letras de las canciones o, peor aún, la música misma.
- Are you ready? -preguntó en tono de provocación Thom Yorke, sólo para después iniciar el rasgueo del riff introductorio del glorioso tema Just-. Y así sonaba la penúltima canción del show, que significó uno de sus momentos más intensos, junto con la sublime interpretación de Paranoid Android, de toda la noche. Durante su ejecución, mi atención se centró casi completamente en el que es seguramente mi guitarrista favorito, inspiración en mis tentativas frustradas de volverme músico: Johny Greenwood. El tema en cuestión permite, como pocos, percibir la genialidad de este multiinstrumentista. Hay una sección de la canción en que a manera de puente o de un solo poco convencional, toca un pequeño riff mientras voz y demás instrumentos enmudecen. Simplemente magnífico. Mi definitivo gusto e interés por Radiohead nació a partir de que un video tomado del concierto MTV Ten Spot, de 1998, en el que precisamente tocaban esa canción y en el que se resaltaba la parte de la misma a la que me he referido. Qué chingón tocan, pensé. No sabía, ni siquiera soñaba, que diez años después se estaría interpretando esa canción sólo para mí, enteramente para mí.

Everything in its right place cerró el show. Otra ejecución memorable. El grupo se despide. Hacen reverencias. La gente y yo no creemos lo que acabamos de ver; no creemos que lo acabamos de ver. Vuelve la sensación de vacío. Otra vez la vida. Tal vez no la misma vida. El concierto cumplió y casi me satisfizo. Habría sido magnífico, un sueño, que tocaran otros temas que se quedaron guardados. El primero de ellos, que seguramente es mi preferido, es Subterranean Homesick Alien. Pieza hermosísima incluida en el magnífico Ok Computer, que me estremece y emociona como pocas cuando la escucho. Fue una lástima que no se incluyera en el setlist, aunque para ser sincero no esperaba que la tocaran. Otra que también quedó fuera y se extrañó fue A wolf at the door, del disco Hail to the thief. Ya no digamos Electioneering o la preciosísima y desesperanzadora Let down, también del mejor disco de la década de los noventa. Otra que me habría encantado escuchar es Exit music (for a film), que por el contrario sí se tocó, si bien comentan que accidentadamente, en el concierto del día 16. Ni hablar.

And now, we are one, in everlasting peace. We hope that you choke.

Eso fue Radiohead: el primer mundo, la genialidad, la elegancia, lo máximo, grandes entre los grandes. Es sólo rock and roll, pero a algunos todavía nos gusta. Sólo rock n' roll ¿poca cosa?

Lo demás

Al margen de la impecable actuación de Radiohead, no faltaron las falencias típicas de los eventos promovidos por esa entidad monopolizadora que se llama OCESA. Pésima organización: desde el acceso a Foro Sol, hasta el sobre cupo de las localidades en las áreas generales. Se dejó entrar a la gente dos horas antes de que empezara el acto de los teloneros Kraftwerk, así que ésta desde ese momento ya se encontraba, en dichas áreas, bien aperrada y sin poderse sentar, cuando por el contrario antes de que se le diera acceso al Foro podía cómodamente hacer cola sentada. En esas dos horas se vendió cerveza y agua al por mayor, a los precios desproporcionados a que nos tiene acostumbrados OCESA.

Nula seguridad. No se advertía por ningún lado de las zonas generales la presencia de los cuerpos de seguridad, ahí donde sí sucedían los chingazos. No. Estaban más preocupados por no dejar entrar cámaras, alimentos y bebidas que por la integridad física de los usuarios, aun en áreas como ésas en que había sobrecupo y la gente estaba de pie. Me tocó ver cómo en el aventadero que se dió con motivo del inicio del performance de Radiohead una chava no aguantó más y se desmayó. Su novio, angustiado, trató de jalarla y arrastrarla para sacarla de ese turba enardecida y cegada por una estupidez disfrazada de fanatismo. Una desgracia habría ocurrido si la joven hubiera caído al piso. No la cuenta. Y la seguridad, ni sus luces.

Algo que tampoco me gustó fue que de entrada se fijara una zona general para estar de pie, pegada al escenario. Me parecía mejor haber puesto sillas o gradas en tal lugar para difrutar cómodamente sentados el concierto: música y actuación. Así todos habrían podido ver y nadie habría comenzado a empujar. Parece que los de OCESA ignoran, o de plano les vale, el valemadrismo y gandallismo innato del mexicano, y su versión potencializada en las personas de los chilangos, raza maldita. Si los organizan y los sientan, no habrá ese tipo de problemas. Si los dejan parados y que se acomoden como ellos puedan, necesariamente habrá conflicto, pues todos, fascinerosos, en su profundo egoísmo, empujarán a todos lados sólo por divertirse o por ubicarse mejor, valiéndoles madre a quién chinguen.

Quién sabe, ahora que lo pienso, tal vez las sillas no serían la solución, pues fieles a su índole ventajosa y chingativa, los asistentes, carentes de toda civilidad y educación, en su mayoría chilangos (raza maldita), serían capaces de pararse en tales objetos con tal de pasarse de listos, o burlar el orden. Ok, ok, en descargo de los chilangos diré que esa actitud se ha visto en otros lugares -incluso aquí en Aguascalientes, hágame el refabrón cavor-, y que no les es esencial en tanto chilangos, sino, tristemente, en tanto mexicanos. Eso sí, me perdonan chilanguitos, pero ustedes sí se pasan de vergas y ese tipo de actitudes nefastas lo llevan a niveles extremos. Al César lo que es del César, y a Dios, que te vaya bien.

Finalmente es responsabilidad de los organizadores cuidar de ese tipo de detalles. Pero como a éstos les viene valiendo pito, pues qué se puede esperar. Ellos con vender -y revender- sus boletos carísimos (aunque para Radiohead no lo fueron tanto) se dan por bien servidos. Que los pendejos de sus usuarios se hagan bolas y que se rasquen como puedan. Así se cuecen las habas en este marginado tercer mundo. Vaya contraste entre la actuación impecable y profesional del grupo de Oxford y la organización pobre y tercermundista de OCESA.

Otra circunstancia que menguó el disfrute que pudo tenerse del evento fue la predominante actitud avorazamiento, valemadrismo, gandallismo y falta de civilidad de los asistentes, en su mayoría chilangos. Desde el pendejo que insistía en bailar con las canciones de Radiohead aun con el apretadero que había, hasta el pinche menso que levantaba los brazos al ritmo de la música, pero con los pasos de "La Ventanita", de ese grupazo que fue Garibaldi. Ah, sí, claro, y toda la bola de culeros cantando; cantando todo. No mamen, ¿van a escuchar a Radiohead o a cantar ellos? O sea, ¿para qué chingados cantan? Ah, pero no, ellos van a echar su desmadrito, y jódanse los demás (jódame yo). No asisten para escuchar la música, la grandiosa voz de Thom York, sino para echar desmadre. Realmente le fastidian la diversión a quien, como yo, sí va a escuchar y a presenciar la interpretación y ejecución de la banda. Ciertamente uno se emociona, e incluso eso llega a justificar algunos coros de ciertas canciones, va, ¿pero todas y todo el pinche rato?

Una actuación memorable, un performance inigualable y sublime, dirigido a una numerosa e infame chusma. Margaritas para los cerdos. En general, este público mexicano, el chilango en particular, no merece shows de primer mundo si no sabe comportarse civilizadamente. La próxima vez que vea tocar a Radiohead, preferiría que no fuera en este país; seguramente se disfrutaría más. En fin, aquí nos tocó vivir.

domingo, 15 de febrero de 2009

El blog so far (o escribir por escribir)


Seis meses han transcurrido ya desde que inició esta puntada (según algunos, un mal chiste) de mi blog. Ahora, como entonces, su autor, más que claridad mental, visión y tranquilidad para escribir, acusa una grave indefinición en cuanto a los derroteros por los que quisiera llevar éste que es uno de los tantos proyectos que ha emprendido.

Prueba de ello es que hace poco más de dos meses no se ha publicado nada. Ni quién se queje, dirá más de uno haciendo referencia al hecho de que, seamos honestos, no se trata, por mucho, del blog más visitado de la web. El caso es que, quién sabe si contra la voluntad de su creador, este espacio abierto para la expresión de las sandeces de la más diversa índole, está pasando por una etapa crítica de infertilidad. En principio, parecía llevar buen ritmo, y casi cada semana se subía algún texto, pero después no sé qué acaeció y gradualmente la empresa de escribir se fue volviendo harto complicada.

Así las cosas, a dos meses del último post (no me complace al cien por ciento ese vocablo, pero en fin), parece que sigo en las mismas: tengo mucho que escribir, pero no escribo nada. Seguramente esta situación es una de las tantas en que mi actual circunstancia personal se refleja. En estos momentos de mi vida, sufro de una terrible desorganización, tal vez la peor que me haya tocado experimentar: me levanto tarde, me duermo tarde, me paso horas sin hacer nada de lo que debería hacer, ya sea en el trabajo o en mi vida privada; me cuesta bastante ceñirme a un cierto plan de actividades para poder aprovechar mi tiempo y mi potencial, o en general a apegarme a cualquier tipo de disciplina. Vamos, ya ni estoy leyendo nada en concreto (llevo como unos 3 meses tratando de terminar de leer el libro más denso con el que me he liado: José Trigo, de Fernando Del Paso, y no le veo la salida), sino algunas cosas dispersas de aquí y allá, obviamente sin ningún tipo de rigor metodológico, a pesar de que cuento en mi biblioteca personal (ahora que lo pienso, qué mamona llega a sonar la expresión) con bastantes obras de reconocida calidad que esperan ser leídas.

Desmadre en mi vida, desmadre en el blog: textos que no parecen llevar un hilo conducor (porque no lo llevan), temas que se quedan a medias, posts que nunca llegan. Me gustaría mucho prometer en este momento mayor prolijidad y cubrir los tópicos que en más de alguna ocasión he anunciado, pero la verdad no puedo. Si se ha estado leyendo esto con atención, y sobre todo si se sabe leer entre líneas, puede advertirse claramente que este post en realidad no dice nada, no trata de nada. Ésa es la situación del blog al día de hoy, no habla absolutamente de nada.

A seis meses de haberse creado, por las circunstancias que ya puntualicé, el blog está en una especie de stand by. Estas líneas que hoy escribo, las he esbozado sólo por escribir: escribir por escribir. Escribir para que quien ingrese al blog no advierta que ya hace buen rato no se me ocurre nada y que últimamente he estado activo; escribir para irla llevando y, sinceramente, para que no se vea tan pelón el blog.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Los Años Maravillosos


El lector habitual -hipotético- de este blog, a estas alturas ya habrá podido darse cuenta de que lo que se escribe en el mismo carece de la más mínima coherencia interna. En otras ocasiones se ha prometido textos sobre diversos temas que no ha llegado a tratarse, pues antes de que ello ocurra irrumpe en la mente de su creador alguna inquietud novedosa o apremiante, que necesita ser atendida. El romántico llamaría inspiración al fenómeno; el cínico lo llamaría falta de orden, disciplina e idea. Hasta el momento no sé cuál de las dos explicaciones es la que se adecua al devenir que ha estado presentando el blog.

Llámese, pues, como se quiera. El caso es que hoy, a casi un mes de mi último post (que no contiene un texto mío), aun teniendo muchas cosas sobre las cuales escribir, nada me impelía de manera determinante a hacerlo. Pero las circunstancias son impredecibles y el mundo pequeño, tanto que hicieron que me encontrara con una pregunta sin respuesta, una historia sin final, una realidad sin explicación, un conflicto sin resolver: Laura.

Caminando por la calle, hablando por el celular. Ahí estaba esa mujer de tez clara, cabello oscuro, figura esbelta. Yo me encontraba dentro de mi carro, estacionado, cuando la vi pasar. Estaba idéntica a como la recordaba, como si los años no hubieran pasado por ella. Cruzó la calle. Fue todo.

A algunos amigos cercanos les anticipé la idea de la creación de una sección o serie dentro de este blog, a la que llamaría "Los Años Maravillosos", en honor a la serie televisiva estadounidense The Wonder Years, y donde narraría acontecimientos de mi adolescencia y niñez, con especial énfasis en la experiencia que significó para mí la etapa de la secundaria. Así, para empezar, sería yo una especie de Kevin Arnold de petatiux, y durante la serie se irían revelando los distintos personajes que me acompañaron en esas vivencias y su posible equivalencia con los del aclamado programa de televisión.

Y es en este punto donde las dispersas ideas que he tratado en este post convergen: Debido a las circunstancia de haber vuelto a encontrarme con esa persona, retomé la idea de establecer la sección de Los Años Maravillosos, pues justamente ella protagoniza algunas de las historias que habrá de contarse. Espero que no, pero tal vez gran parte de lo que se escriba tendrá relación con esa mujer, que finalmente motivó el inicio de esta sección. En textos siguientes, cuando se hable a fondo de ella -no por nostalgia ni cursilería, sino por la más instintiva reacción-, se entenderá por qué.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Don Eusebio Ruvalcaba


Aquí se presenta un texto del maestro Eusebio Ruvalcaba. Es una de sus intervenciones en la ya mítica revista de La Mosca en la Pared, y una pequeña muestra de las capacidades narrativas de este gran escritor. En posts futuros hablaré más ampliamente de la obra del insigne literato, que de cierta manera ha influenciado la forma en que veo la literatura, y sobre todo la vida. Ésta fue su intervención el el número 29, año 1999, en la hoy frustrada revista, cuando su columna todavía se llamaba "¿O no?"


Calzones de mujer

Hace poco -¿minutos, semanas, meses?, cómo saberlo el puto tiempo siempre ha sido algo tan inexplicable- veía yo en la televisión las declaraciones de un joven roquero de un grupo chileno radicado en México, a quien una de sus fans le arrojó los calzones, él los olió, le dio asco que fueran usados y los echó a la basura. Guácala, habrá dicho.

Cómo me saca de onda esta actitud fresa. No sé de qué está hecho ese joven músico, si por sus venas circule sangre o atole; o no sé si sea él o el momento que estamos viviendo de absoluta abstención. Que curioso, en ninguna época se había cultivado tanto el cuerpo como ahora, y hoy es de mal gusto admirar a un mujer en sus partes más íntimas. Porque no creo que este joven ande muy alejado de lo que hace una gran mayoría de jóvenes de su edad. Todavía hace algunos años, los jóvenes acostumbraban coleccionar pantaletas y brasieres como trofeos de una noche apocalíptica –hoy a eso se le llama fetichismo-; apenas ayer estos mismos jóvenes solían espirar a las mujeres cuado de subían o bajaban de un auto, o bien cuando se sentaban o subían la escalera –hoy eso se llama voyeurismo-, y hace apenas dos o tres meses, tales jóvenes les arrancaban la ropa a las mujeres cuando el deseo les desborda –hoy eso lo califican como violación.

Tampoco sé exactamente en qué medida esto aleja o acerca a un hombre a la esencia de la vida, pero yo me atrevería a decir que el hombre necesita estar cerca del riesgo, de imprimirle pasión a las cosas. Algo, en sus cavernas más profundas, conserva el varón de agreste e incivilizado, y yo creo que vale la pena luchar por eso. Hacerse un poco afuera de la bacinica. A eso se le llama pasión, y la pasión es jugársela un poco. No tanto, pero tampoco tan poco. Bueno, esos cuerpos asexuados que no ve caminando por la calle o deteniéndose delante de las vitrinas en un Perisur o una Plaza Cuicuilco, consideran una aventura comerse unos tacos de suadero o un refresco que no sea light. Todo es ascéptico, como si temiéramos contaminarnos hasta de ver. En serio, es de dar risa cómo la mujer a dejado de atraer a los hombres jóvenes. No se vuelven a mirarla. Pasa casi semidesnuda delante de un grupito y ninguno se le queda viendo con aquella mirada de cachondería que distinguía a los ojos viriles de hace unos cuantos años.

Seguramente tienen razón. La educación sexual ha terminado por desprender de todo misterio no sólo a la mujer sino al sexo mismo –qué hueva espiar a tu hermana mientras se desnuda. Ya no son temas que inciten a nadie a meterse al baño a masturbarse, a asomarse por debajo de la mesa y ver lo que hay que ver. Hoy día, la mujer de senos grandes se avergüenza de sus tetas, y, si no está bronceada, si no toma su dosis diaria de bicicleta o su carrerita por las mañanas, entonces, piensa, no tiene nada que enseñar, es como un cero a la izquierda. Que nada más por sus tetas, por sus piernas, por su olor, una mujer traiga a un hombre por la calle de la amargura, ha pasado definitivamente a la historia. Un hombre que le telefonee borracho a la mujer que le gusta, que la asedie, que le envíe flores o le escriba poemas -aunque sea los fusile de Sabines- es considerado un indeseable. Un patán sin educación. Siempre será mejor aceptado un tipo previsible, de brillante futuro, de celular o bíper para que su mamá o su mujer lo localice de inmediato. ¿O no?

lunes, 3 de noviembre de 2008

No se olvida ...la necedad*



Año con año, desde hace una década, recuerdo que se conmemora uno de los sucesos más infames e ignominiosos de la reciente historia de México. La primera vez que me enteré de ese hecho histórico, punto de inflexión en el devenir de la vida en nuestro país, tenía alrededor de 15 años de edad. Nunca antes había sabido nada al respecto, en parte por mi corta edad y el poco interés que mostraba hacia las cosas públicas, y también, el sigilo con el que durante tres décadas se trató el tema. Recuerdo que cuando se reveló a mi reducido entendimiento los cruentos acontecimientos, sentí una profunda sacudida y simpaticé de inmediato, como el rebelde adolescente que era, con la heróica causa -que paradógicamente ignoraba casi por completo- que defendieron los integrantes del movimiento estudiantil del '68, y pretendí identificarme plenamente con su ideología. En fases de la vida como ésa, en que uno busca su propia identidad, y con ello la pertenencia a un determinado grupo, fue decisivo el descubrimiento de un hecho de tal importancia (la cual, en ese momento no pude dimensionar). Pero nada más pasado el mes de octubre, que es el que se habla en los medios de comunicación sobre el tópico, terminó mi inquietud, solo para volverse a recuperar en los mismos periodos de los años siguientes.

Hace exactamente un mes se cumplió 40 años de la matanza de Tlatelolco, ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas, en el Distrito Federal, el 2 de octubre del año 1968. Pasaron diez años desde que tuve un primer acercamiento a los hechos. Aun cuando hace relativamente poco tiempo me propuse indagar cuáles habían sido las causas del movimiento y cómo se había desarrollado propiamente la masacre, siempre me causó indgnación, pues representó la más violenta y desproporcionada de las represiones de que se haya tenido noticia en mucho tiempo en México. Era algo así como los malos contra los buenos, con una aplastante victoria de los primeros. Seguramente era una percepción maniquea del problema, mas era la única que podía concebir en esos entonces, hace diez años. Hace diez años, a la edad de 15.

Después de esa indagación, si se quiere superficial, de los acontecimientos del '68, pude conocer las causas del movimiento, sus objetivos, un quantum mucho más verosímil que el que proporcionaron en su momento las fuentes oficiales de las personas masacradas en la matanza, y de las que fueron confinadas por su sedición en las más oscuras mazmorras del Palacio de Lecumberri. Pude comprender un poco mejor la magnitud de lo sucedido y su importancia histórica.

Por lo anterior, que considero una legítima empatía con el movimiento estudiantil del 68, o cuando menos un aceptable, si bien elemental, conocimiento del mismo, llegan a causar una profunda indignación ciertas actitudes tomadas por algunas personas que se dicen contestatarias o, mucho peor atrevimiento, de izquierda. Individuos que con los más intrascendentes y mezquinos intereses, lucran con el movimiento a costillas de éste y sus mártires, lo aprovechan en beneficio de apetitos desmedidos de la más distinta índole.

En mis años como estudiante de licenciatura, cuando cursé la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, era común que los día 2 de octubre se armaran, cómo decirlo, manifestaciones de diversa naturaleza, supuestamente -ése era el pretexto- para conmemorar el movimiento y honrar a sus mártires y héroes. Así, había desde tocadas aisladas, hasta reuniones en que se leía algunas de las proclamas del Consejo Nacional de Huelga, fragmentos de textos relacionados con la matanza, aderezadas con la interpretación desde el ronco pecho de algunos de los participantes de las más cursis canciones de protesta. También había (seudo) poesía alusiva a los sangrientos sucesos. No faltaban, tampoco, las velas, mantas y demás ornamento como escenario del indignante ejercicio. Ah, y claro, lo llevaban a cabo en la noche, para que quedara, según sus propias palabras, más chido.

Si uno tenía la osadía de asomarse a esas ceremonias de la ignorancia y la pretención, podía percatarse de la presencia de estudiantes, casi en su totalidad, de las carreras humanísticas de la Universidad, con excepción de la de Derecho, conformada por gente más bien apática y aseada que ve con cierto asco (puramente estético, no intelectual) a las otras carreras humanistas, más cercana (no porque así deba ser, sino porque así es) al perfil del contador público o del administrador de empresas, que al del filósofo, historiador o politólogo. Las carreras de Letras Hispánicas, Historia, Sociología, Filosofía y Ciencias Políticas se encontraban representadas en tales actos. Los estudiantes de estas disciplinas, que casi por definición se conciben como progresistas, rebeldes, anti-stablishment, subversivos, insurrectos y de izquierda, eran los protagonistas de tan penosas actividades que no hacian más que revelar su honda ignorancia, su lastimera superficialidad y su índole innegable de lo que los angloparlantes llamarían poser.

Siendo los estudiantes que se supone más profundos e intensos, con mayor compromiso con las causas sociales y bla, bla, bla, son los que llevan a cabo numeritos de esa calaña, que llevan implícito el desconocimiento histórico que en un estudiante de administración, de relaciones industriales o de contaduría, sería comprensible, pero que en un educando adscrito a las ciencias sociales resulta inadmisible.

Durante mi estancia en la universidad, pude ver que año con año se llevaba a práctica la misma necedad, así que presumo, con base en el experiencia y en mi pesimismo casi metódico, que durante años posteriores, incluso el actual, se ha seguido perpetuando. Ahora que poco o nada me involucro en la vida estudiantil de la U.A.A., me he podido percatar de que el mismo ímpetu por la pose y el mismo oportunismo se ejerce fuera de las aulas. El pasado 2 de octubre de 2008, en la Plaza de la Patria o Plaza de Armas (nunca he sabido a ciencia cierta cuál es realmente su nombre) de esta ciudad de Aguascalientes, había una especie de tocada de unos jóvenes, que entre canción y canción "disertaban" sobre lo tocante al movimiento estudiantil del '68, y que interpretaba una música que dudosamente puede calificarse como rock, pero que pretendía, claro, serlo. Lo que hacía a su actuación alusiva al tema era solo eso, los comentarios entre canción y canción (las cuales, por lo poco que escuché, no tenían mucho que ver con el tema). Y ya, eso era todo. En el fondo, seguramente los ingenuos aspirantes a músicos debieron pensar que había sido un gran homenaje, e incluso por momentos habrán sentídose una parte del movimiento.

Me di cuenta de lo ocurrido en la plaza minutos antes de entrar al Teatro Morelos para presenciar una obra de teatro intitulada "El mañana nunca sabe", a la que un amigo me había invitado, pues se trataba de una puesta en escena de otro conocido de él, en este caso alusiva, también, a la nefanda represión acaecida el 2 de octubre de 1968. No sé en principio por qué fui, ya que esperaba lo peor: un ejercicio similar al que he condenado en párrafos que preceden. Pensé mal y acerté. La obra narraba la historia de dos hermanos que vivían en un departamento del edificio Chihuahua, adyacente a la Plaza de las Tres Culturas, un hombre y una mujer, al parecer mellizos, el primero de los cuales había sido herido durante el altercado. Solo estaban esos dos personajes, esperando que aparecieran sus padres, que habían salido no recuerdo a dónde. Y con esa premisa, la trama se desarrolla con una discución entre los dichos protagonistas, en la que el hermano defendía al movimiento estudiantil y la mozuela lo condenaba, o al menos lo sometía a las más "racionales" críticas; mientras tanto, se supone que afuera, en la plaza, se desenvuelve la abyecta represión.

Así, discutieron y discutieron, hasta que al final diéronse cuenta (o aceptaron) que toda la vida habían estado enamorados uno del otro, y terminaron entregándose a sus primitivos impulsos eróticos, para consumar el que tal vez sea el más gratuito e injustificado de los incestos que han sido dramatizados jamás en una obra de teatro (¿?). Así nada más, de buenas a primeras. El joven, después de la ardua jornada y con motivo de la herida que habían inflingido en la plaza, amaneció muerto, seguramente sin presentar después el signo tanatológico de la eyaculación post mortem, pues, como se dijo, horas antes había derramado su sediciosa simiente en las reaccionarias entrañas de su amada. En resumen, la obra fue un ejemplo más de las posibilidades que ofrece el ejercicio de la actividad que aquéllos a quienes agrada usar eufemismos denominan onanismo psicológico.

Según he tratado de establecer, y siendo ése el propósito de este post, desde mi perspectiva las diversas prácticas a las que me he referido resultan por demás indignantes y ofensivas contra lo que realmente representa el movimiento estudiantil del '68 y la matanza del 2 de octubre. Un acontencimiento histórico de la importancia de la masacre estudiantil de Tlatelolco, no puede utilizarse como excusa o pretexto para efectuar actividades tan superficiales, para lucimientos personales, o para ostentarse ante los demás como una persona progresista, profunda, intensa, preocupada del entorno social, pacifista, políticamente correcta. Es una afrenta a la razón y al buen juicio, pero sobre todo, insisto, a los mártires del movimiento, a los héroes caídos y a sus deudos. Todo una movilización social, que en su momento tal vez no era consciente de la magnitud e impacto que tendría en la vida política del futuro del país, pero que seguramente estaba al tanto de la responsabilidad e importancia que implicaba, no se realizó para servir después como motivo de juego y ligerezas por parte de nuestros incultos jóvenes (y no tan jóvenes).

Vergüenza debería darles a esas personas relacionar sus intereses y afanes de protagonismo y pueblerina celebridad con un asunto tan serio y tan importante. Porque finalmente eso es lo que persiguen tales individuos: reconocimiento, fama, relaciones públicas, y a final de cuentas les importa poco el medio del cual se habrán de servir para lograr esos propósitos. No sé cómo recibirían los verdaderos mártires del movimiento, los que realmente lucharon en él, las actitudes a las que me he referido en este texto, pero me inclino a creer que seguramente las reprobarían, o ya, de plano, se reirían de ellas.

Precisamente por no caer en el mismo vicio que estoy criticando, de aprovecharme de la curiosidad que despiertan los acontecimientos del 2 de octubre del 68 en el mes en que se conmemoran, escribo este texto un mes después, si bien la inquietud de expresar la tesis que sostiene la tengo desde hace algún tiempo.


*Originalmente publicado en el blog El Canto del Zenzontle, Ave de las 400 Voces (http://www.cantodelzenzontle.blogspot.com/), el día 2 de noviembre de 2008.